martes 10 de noviembre de 2009

Seiren, la emisaria del Sagrado Templo


El viaje hasta Rover no tuvo ningún problema y Fliut llegó sin retraso a la provincia, pero cuando la contempló por primera vez, sintió un escalofrío. Había un aura oscura en ese inmenso bosque negro, consumido por las gruesas y negras nubes que lo privaban de la luz del día. Fliut sintió tristeza, ese bosque no era como el de Suaim, este reflejaba maldad y una agonía diabólica.
Aun así, hizo caso omiso de sus instintos y se adentró en la espesura del inmenso bosque.

Siguió un sendero de barro lleno de charcos que era peligroso para cualquier carro que pasase por allí. Tras horas de marcha, sin llegar todavía a ninguna población, decidió acampar en un pequeño claro. Ató su caballo mientras la noche envolvía la provincia en una oscuridad aun más tenebrosa. Fliut se calentaba en una pequeña hoguera cuando oyó un ruido.
Cogió una daga corta que solía llevar a parte del arco y la agarró con fuerza.
Su oído élfico era excelente, y podía oír hasta al más mínimo paso de roedor a dos metros de distancia.
Si embargo, lo que no oyó fue como una espada se colocaba delante de su nuez, pero si notó su fría textura.
-No se que hace un elfo como vos en Rover, pero seguro que no tramas nada bueno-Dijo una voz femenina.- Os explicaré lo que voy a hacer: Os voy a desarmar y ha ataros y luego , mientras me como vuestra comida hablareis.
Fliut asintió seriamente.
La extraña ató a Fliut y cogió su arco y sus flechas. Los tiró lejos y luego se sentó a comer la comida de Fliut.
-Decidme elfo-Decía mientras atacaba con furia un trozo de carne-¿Qué hacéis en un lugar tan salvaje como este?
-Me necesitan en Iris.
-No me digas.
-He venido a dar caza a un ser que asola estas tierras.
La extraña hizo una pausa y luego siguió comiendo.
-Osea que tu también vienes ¿No?
-¿Cómo dices?
-Yo ya suponía que en esto no solo estaba metido el Sagrado Templo
-¿Trabajas para el sagrado templo?
La extraña guardó silencio mientras comía y luego desató a Fliut. Aun así, puso la hoja de un largo sable de color rojo sobre la nuez de Fliut.
-Elfo, no se porque has cometido la estupidez de venir a este lugar que los dioses han olvidado. Yo que tu regresaría mañana a tu querida región y dejaría este asunto para el sagrado templo.
Fliut guardó silencio y compostura ante la amenaza de la extraña.
-No se tu, pero a mi me importa más la vida de esos desgraciados que lo que diga vuestra absurda teoría.
Aquello fue demasiado

El Sagrado Templo era una iglesia creada desde tiempos inmemoriales con el fin de equilibrar la batalla que ellos suponían continua entre el bien y el mal para que ninguno de los dos imperase. Para ello se habían hecho con el poder de gran parte del mundo y era difícil escapar a sus rígidos mandatos.
Para realizar sus tareas, utilizaban a los emisarios, que podían ser de dos clases: Negros y Blancos.
Los emisarios blancos realizaban acciones en honor del bien, mientras que los negros en honor del mal.
Extrañamente, la extraña tenía ropajes negros y el emblema de un dragón rojo en su capa, lo que significaba que era un emisario negro.
-Lo que a mi me ordene el templo es cosa de ellos, no mía.
-¿Y que hace una emisaria negra como tú en una labor blanca como esta.
-Dicen que sé más sobre monstruos de este estilo que cualquier emisario blanco. Aun así me repugna esta misión, odio ser la heroína local y que todos me tomen por buena.
-Se que nuestras intenciones son distintas, pero nuestro objetivo no, así que agradecería que bajases el arma.
La extraña hizo caso y envainó el sable.
-Tu labia te ha salvado, elfo, así que no volveré a cometer ese error una segunda vez.
-Descuida emisaria
-Seiren, me llamo Seiren.

Henry Hart

domingo 11 de octubre de 2009

Fliut



El viento movía con tranquilidad las copas de los árboles, que emanaban un aroma a hierbabuena, típico de la región de Suaim. Entre la hierva, que era tan alta que impedía ver nada, descansaba sobre una piedra, Fliut.
Con las manos bajo la cabeza, Fliut reposaba bajo los dorados rayos del sol. Su cabello dorado, largo, estaba cubierto por un pequeño gorro verde. Sus orejas, acababan en punta, como es característico de los elfos de Suaim.
Ataviado con una ropa simple y una armadura de cuero, Fliut dormitaba disfrutando de la tranquilidad del valle de Ramhar.
Se incorporó y se dejó cubrir por los altos tallos del verde césped.
Tranquilamente, atravesó el alto mar de hierva y llegó a su casa, una cómoda vivienda elfa de madera.
Entró dentro, y tras beber un poco del vino de Suaim, famoso en todo el mundo, examinó una vez más la epístola:

“Estimado Fliut de Suaim:

Gratamente me pongo en contacto con vos, un famoso cazador de diablos, que ha ganado la fama y la gloria que se merece. Por ello, le ruego acuda a la región de Rover, en ayuda de un pueblo indefenso, atormentado por la presencia de un ser malvado y desconocido.
Si es así, le prometemos la gloria y el honor que esta misión acarrean, así como si usted lo desea, el control de nuestra región.
Si es así, por favor, acuda lo antes posible a la aldea de Iris, antes de la siguiente luna nueva.
Atentamente: P”

-La provincia de Rover-Pensó- No es un lugar hermoso, ni vello, y más de uno no se atrevería a pisar esa tierra maldita por el Surepter. Pero esa gente no merece sufrir más de lo que ya ha sufrido.
Quedaban siete días para la luna nueva, y Rover estaba a siete días de camino, así que si Fliut decidía ir, tenía que hacerlo ya.
No lo pensó mas veces, esa gente necesitaba la ayuda de un héroe como Fliut.

Fliut dio unos pasos hacia su pequeño altar a Diham, diosa de los elfos e hizo un apequeña oración.
-Diham, haced que mi arco atraviese al malvado y no al puro, y que libere del mal a los inocentes. Sea tu voluntad si así es.
Poco después, cogió su arco.
Hecho con madera de Suaim, su arco era una excelente obra de arte élfica.
Con bordados dorados, representaba a la diosa Diham, rodeada de animales y plantas.
Cogió después su carcaj, ricamente adornado y cargado de flechas.
Cargó una flecha en el arco, y poco a poco, muy pausadamente, disparó.
La flecha salió disparada por la ventana y se clavó en una diminuta diana que Fliut había colocado a 200 metros de su vivienda.
Acto seguido, cerró la puerta de su casa y ensilló su montura, dirigiéndose hacia Rover
H.H

http://www.youtube.com/watch?v=t9PqgW1_T80

sábado 10 de octubre de 2009

La estatua ensangrentada

Después del incidente del ventanal, los habitantes de Iris cambiaron su pasividad habitual por una constante vigilancia aterrada. A pesar de su esfuerzo por calmar a la población, el párroco local también tenía miedo.
Por ello, para intentar calmarse y calmar a los desdichados habitantes, el párroco salió un día a caballo hacia la capital de Rover, volviendo por la noche con un gran trozo de madera sobre la espalda.Kurtz, que había asentado su escondite en un pozo seco, observó con maquiabélica curiosidad como el párroco descargaba el trozo de madera y lo llevaba al templo.
De ahí no salió en dos días, hasta que por fin, una mañana, salió portando una grán escultura de un hombre, hecha con el trozo de madera.
-Observad a vuestro rey Kine, que su estampa nos proteja de todo mal, yo la vendigo para proteción de lo que él consiguió.
Toda la población se arridilló y rezaron en compañía del párroco.
Finalmente, la dejaron en un improvisado altar de madera en el centro de la aldea, con numerosas ofrendas a sus alrededor.
Al caer la noche, Kurtz, como tenía constumbre, salió de su escondite y examinó la escultura.
Era un hombre mayor con una larga barba que le llegaba hasta medio pecho. Llevaba una corona sencilla y un cetro en la mano. A pesar del tosco trato que le había dado a la madera, el hombre había hecho un buen trabajo.
Kurtz entonces, recordó que estaba bastamte habriento.
Olisqueó las ofrendas, porquería humana.
Finalmente, examinó el templo, y sus ojos se iluminaron con un tono rojo característico de un morador ansioso.
Lo último que pudo ver el párroco, fueron sus ojos rojos y brillantes, así como su larga fila de colmillos que estaban teñidos por el horrorífico color de la sangre...
A la mañana siguiente, los habitantes de Rover salieron de sus viviendas para continuar sus labores.
No fué más su horror cuando descubrieron el cuerpo ensangrentado del cura, exactamente en la misma posición en la que estaba la estatua, ahora desaparecida.
Escrita con sus tripas, en el suelo estaba la palabra: Muerte

lunes 5 de octubre de 2009

La aldea de Iris


Kurtz continuó su rutina de matanzas en los caminos de Rover, utilizando siempre el mismo sistema.
Poco a poco, fué perfeccionando su tecnica y aprendió a esconder los despojos de los humanos en el lago bajo el cual se encontraba la ciudad de los moradores, ya que Kurtz sabía que si los humanos sospechaban algo, no tardarían en atacar.
Tras muchas muertes,Kurtz acabó teniendo los brazos llenos de sangre seca que no se quitaba, para el eran sus trofeos de guerra.

Pero fué poco después de su victima numero 13 cuando Kurtz sintió interés por algo más que la carne de los humanos, sino por su vida.
Pensó que si los conocía lo suficeiente ,podría sacarles mas partdio.
Por eso se hacercó aquella fria mañana de invierno a la aldea de Iris.
Era una pequeña población de cien personas que, como todos los humanos de Rover, trabajaban sin descanso.
Mientras las mujeres destripaban peces, los hombres cortaban leña y recojían sus redes. Los niños, son sus pequeñas manos, cosían las ropas que hacían con las pieles de los peces.
Kurtz conte`mpló con desprecio la escena.
-Patético ¿Esto es lo que hacen con las que fueron nuestras tierras? Merecen un castigo.

De pronto, sonó una campanita en lo alto del templo de la aldea.
Un hombre alargado vestido con un hábito gris hecho con peces empezó a decir.
-Acercaos hijos mios, nuestra iglesia nos llama para la oración.
Todos dejaron lo que hacían y se metieron dentro del simple lugar de culto.
Tras ello, cerraron la puerta y solo se les oyó cantar un extraño canto.
-Celebramos nuestro júbilo, o buen rey Kine, que trajiste la paz a Rover, te lo agradecemos en feliz júbilo, la tierra prometida por nuestro rey. Viva nuestro buen rey Kine, demos gracias por su tierra.
Kurtz se acercó sigilosamente hasta un ventanal del templo y observó.
Desde luego, no se les veía celebrando nada, y su expresión no había cambiado nada.
-¿Celebran que un rey borracho negoió con el diablo para que les diese una tierra muerta? Son demasiado prescindibles estos seres.

Acto seguido, Kurtz arrancó un tocón del suelo y lo lanzó contra el ventanal. Salió corriendo hacia el bosque y observó a sus futuras presas

miércoles 30 de septiembre de 2009

Kurtz, principe de de las tinieblas


(Relato al margen de Tereyán)
Kurtz no era normal.
Nació en extrañas circustancias. Su nacimiento fué la noche del Surepter, o noche del demonio. Esa noche, todos los moradores rinden respeto al demonio, refujiandose en casa sin salir de ella, dejando bajo el humbral una pieza de oro, ya que si no, el demonio Surpter tendría derecho a poseer su alma.
El parto de Kurtz, que duró toda la noche, acabó con un extraño suceso. Una vez el recién nacido fué entregado a su padre, todo el líquido de la ciudad, pozos,botellas e incluso saliva se convirtió en sangre.
Esto solo había sucedido una vez, cuando Surepter entregó a los humanos los moradores.
Los sacerdotes dieron como explicación que habían pasado 100 años desde entonces, pero aun así,la corte de moradores no se quedó tranquila.
Kurtz, desde joven, tuvo predilección por escapar del protocolo de la corte y por mendigar por las calles portando una capucha. Se decía que elegía casas al azar y atacaba a sus habitantes, pero nunca quedó nada claro.
Por eso, como a cada miembro de la realeza se le otroga un titulo, al igual que a su padre Latiko se le otorgó "el justo", a Kurtz se le otrogó el titulo de "de las tinieblas" en relación a su malsana obsesión con vagar por las oscuras calles de la ciudad.
Su padre lo encerraba en la torre del homenaje, mientras que su madre intentó inculcarle la teología. Todo fué inutil.
A raiz de la severa disciplina religiosa de sus padres, Kurtz empezó a hacer pintadas prohibidas por las calles de la ciudad con sangre de cordero.
Tras la desparición de Talika, Latiko, que no pudo soportar más las locuras de su hijo, lo expulsó de la ciudad, acuñando una frase que quedó garabada en la mente del muchacho.
-Podrás volver cuando el asesino de tu madre halla sido capturado.
No fué mas el error deLatiko, ya que Kurtz lo interpretó como una condición, en vez de como una expresión sarcástica.
Y alli estaba Kurtz, apollado sobre un tronco en la provincia de Rover.
Tenía 14 años cuando todo empezó.
Estaba hambriento, sediento y ansioso. No había comido fresco desde hacía dos semanas, eso era lo suficiente en un morador como para tener hambre.
Vió entonces pasar su salvación, un rudio.
Con cautela, Kurtz rastreo los alrededores y descurbió el origen del ruido, un humano.
Era joven, lo que significaba que su carne también. A Kurtz no le gustaba dar muerte ¿O si?
Tras mucho pensarlo, sus ojos se volvieron rojos.
Con rapidez, se despojó de su prenda superior y de sus zapatos, para ganar hagilidad , y se hacercó sigilosamente al humano.
Y entoces, ocurrió.
Kurtz saltó como uan pantera sobre el humano y le clavó sus uñas en el pecho, tirandlo al suelo.
El humano se retorcía, pero Kurtz clababa sus uñas ráudamente y las volvía a clavar sacándolas primero empapadas en sangre y después con trozos de carne entre ellas y el dedo.
Tras un minuto de lucha, el humano, rendidó, dejó de moverse.
Kurtz comió su carne, toda su carne, dejando un amasijo de huesos y cartilagos en el camino.
Y allí, en mitad del bosque de Rover, Kurtz profirió un grito que se oyó por toda la provincia:
-¡Me encanta la muerte!


Henry Hart

jueves 23 de julio de 2009

Talika


Y allí estaba Tereyán, con la piel blanca y el pelo azul a costa de los apaños del Buhonero. Tereyán no recordaba que tenía una larga hilera de colmillos en la boca. Acercó los dedos a uno de los que más sobresalían. Al instante se hizo un corte limpio que empezó a brotar sangre como un manantial.
Recordó entonces a Talika. ¿Dónde estaba?
Empezó a registrar la zona y encontró el hábito de monje gris. Siguió unas huellas por la frondosidad del bosque y se sintió como le pinchaban la espalda.
-No te muevas humano-Dijo una voz femenina.
Tereyán se levantó poco a poco y se dejó ver ante la atacante.
Era Talika. Tenía el pelo gris y largo. Le caía por el pecho hasta la cintura. Su piel también era blanca, como la de todos los moradores. Tenía una cara peculiar, bastante bella, al contrario que el resto de los moradores. El resto solían tener el aspecto más aterrador que un humano puede imaginar. Sin embargo Talika tenía una cara hermosa, que reflejaba pureza. Vestía un largo vestido, de color morado y amarillo. Sujetaba con poco esfuerzo la espada de Tereyán y sonreía de una forma curiosa.
-No eres humano.
Tereyán no supo que contestar.
-Sin embargo tu no me pareces un morador. Eres desconcertante. ¿Dónde estamos?
-En Rover.
-¿Rover?
-Reina Talika, me llamo Tereyán. Os he traído desde Mikoze para salvar mi vida y la de otro humano. Si tenéis clemencia os suplico que no me matéis y me ayudéis.
Talika rió y bajó la espada
-¿Dices tu, humano, que me habéis sacado de Mikoze solo y que habéis salido ileso?
-Precise ayuda de Jeka, diosa de la inteligencia.
-¿Has estado con los dioses? Valla, pareces valiente humano. Por fin encuentro un humano que no es una rata cobarde.
-No todos somos así.
-Eso es lo que os creéis.
Talika reflexionó.
-¿Cómo puedo salvarte?
Tereyán explicó a Talika su aventura y como había acabado así.
-Pero eso es estúpido. Yo no fui asesinada por ti.
-¿No?
-No, recuerdo que me morí al caer a un fuego. Estaba observando la chimenea cuando, no se porqué, caí al fuego. Que extraño.
-Entonces debemos explicárselo todo al rey de los moradores para que me perdone.
-Latiko no es un ser compasivo, pero seguro que puede darte su perdón. Por cierto ¿A que distancia está la Ciudad Real?
-A un día a caballo, pero yo calculo que serán tres a pie.
-No hay tiempo que perder pues.

La marcha comenzó al instante y Tereyán fue conversando con Talika, que no parecía desagradarle mucho la presencia de Tereyan
-¿Los moradores solo vivís en la ciudad real?
-No, en realidad antes poblábamos todo Rover. Poco a poco los humanos fueron empezando a hacernos retroceder en nuestro avance y acabamos viviendo únicamente en la ciudad real
-¿Cómo es eso posible? Los humanos somos mucho más débiles que vosotros
-Pero solicitasteis la ayuda del ser que representa el mal, Surepter. Es el demonio para los moradores. Este tenta a la gente con grandes oportunidades que siempre le van a beneficiar a el. Vive en un mundo subterráneo, donde los moradores que desobedecieron a los dioses pagan su insolencia. Allí se divierte creando su mundo con el trabajo de los moradores. Por eso, hace ya mucho tiempo, se presentó en el palacio real de los humanos y les ofreció la victoria. Utilizando palabrería, consiguió que los humanos aceptarais y así nos vimos desterrados a la ciudad real.
Pero los humanos también sufristeis las consecuencias. Todo Rover se volvió estéril. Solo creían en el largos pinos tristes y marchitos. La hierva se volvió negra y los humanos abandonaron gran parte de la provincia.
-¿Y que ganó Surepter?
-No lo se.

Continuaron andando y el cielo seguía negro. Atravesaron varios trechos de camino destrozado y llegaron a una zona que el camino era mejor.
Poco a poco, fueron disipando tejados a lo lejos.
Tereyán empezó a ver otra vez el lado positivo a todo, y le dieron ganas de correr hacia el grupo de casas. Su humor fue empeorando cuando pudieron ver la ciudad al completo.
Era un grupo de casas negras, todas echas de madera y metal. El tejado de los edificios era alto y acababa en punta, como el tejado de las iglesias.
Toda la ciudad estaba cercada por un muro de metal de tres metros.
En varios puntos del muro había puertas más altas que el muro, también de metal.
Al fondo se veía una gran torre de la que emanaba un humo negro que teñía el cielo.
Los árboles de los alrededores habían sido talados y solo había algunos tocones resecos.
-¿Seguro que estamos en Rover?
-Eso creo.
Se acercaron más a la espantosa ciudad, para intentar comprender que es lo que pasaba.
La ciudad estaba llena de barullo. Seres iban de un lado a otro empujando carretas o conducían carros como el del buhonero. Tereyán examinó más a fondo los seres.
Eran todos moradores. No tenían expresión en la cara, parecía que no sabía bien lo que hacían.
Tereyán fue a acercarse para intentar divisar si la puerta de entrada estaba vigilada cuando resbaló y cayó al suelo, rodando colina abajo. Perdió el conocimiento y allí quedó, boca abajo y con una herida en la cabeza

sábado 27 de junio de 2009

El buhonero de Rover


Tereyán estaba tumbado boca arriba. De pronto se incorporó de un salto y empezó a toser escupiendo agua. Tenía los pulmones llenos de agua, anteriormente se había ahogado.
Lo recordó todo, recordó a Jeka, recordó Kerklas y recordó también a Talika.
Pero ¿Dónde estaba?
Tereyán se levantó y contempló el entorno.
Estaba en un claro del bosque de Rover. Los árboles estaban ennegrecidos y en el ambiente se olía que algo no iba bien. El cielo estaba negro, pero no parecía de noche. Estaba encima de lo que parecían losas de piedra, bastante viejas. Parecían los restos de una especie de edificio de piedra. Aun se conservaban algunas paredes y había algún objeto por el suelo. Un caldero oxidado, un machete de carnicero y algo que brillaba. Era una botellita, en forma de calavera. A Tereyán le sonaba demasiado.
Era la botellita que Kurtz le había dado para suicidarse cuando estaba en las mazmorras.
Aun tenía el veneno. Tereyán comprendió donde se hallaba, estaba en la que había sido la casa de la hechicera de Catta.
Cogió el machete, el machete con el que la hechicera había matado a tantos para comer. Lo iba a guardar en su vaina cuando descubrió que la espada de piedra seguía en ella.
Pesaba mucho, así que la quitó y la arrojó al suelo.
También encontró el cuerno de oro con el que había invocado al buhonero del cruce.
Probó a soplarlo y volvió a emitir un sonido parecido al del dinero al caer.
De pronto oyó un ruido, los cascos de un caballo.
Provenía de detrás de los árboles. Se abrió paso entre los pinos y llegó al camino por el cual había llegado a la casucha de la hechicera.
Allí, ante él, en un carro de unos dos metros de alto, tirado por caballos de igual tamaño, había sentado un hombre con la cara cubierta por un sombrero de ala ancha.
-¿Qué se le ofrece caballero?
-Me llamo Tereyán
El hombre se quitó el amplio sombrero que le tapaba la cara. Ante el, con la cara al completo, se hallaba el buhonero del cruce.
-Hombre, pero si esta aquí el dios del terror.-Dijo el buhonero riendo.
-¿Cómo has conseguido salir de tu prisión entre los dos mundos.
-Eso es una historia muy graciosa. Verás-Dijo bajando del carro.-Lo cierto es que estaba yo imaginando que iba a hacer nada mas salir de allí, cuando apareció un morador con la cabeza desprendida del cuello
-Jakkes.
-Si, si… Ese granuja ya me estafó una vez, pero esta vez no consiguió que le llevase al nivel divino tan fácilmente. Ahora tengo todo un cuerpo nuevo, listo para vivir una vida y luego ir a Mikoze.
-¿Cómo has conseguido el carro?
-Aparecí en una ciudad quemada. El carro y los caballos estaban allí. En fin, yo digo: Las pertenencias de un muerto son para el que las encuentre.
-¿Se las robaste a un muerto?
-No, se las robé a un moribundo, pero seguro que ahora esta muerto.
-Vosotros los moradores no tenéis piedad de los humanos, algo que deberíais aprender.
-¿Humanos? Si la aldea era moradora
-¿Moradora?
-Si, es lo mas extraño, los moradores de Rover solo viven en la subterránea ciudad real. Por cierto ¿Te interesa hablar de negocios?-Dijo abriendo el carro por un lado y mostrando su mercancía.
-Todo de primerísima calidad. Bueno, y si no lo es, como si lo fuera.
Yo que tu me pondría otra ropa que ese traje ceremonial de los dioses.
-Si, llamaría la atención.
-Bueno, ¿Con me vas a pagar la ropa?
Tereyán entregó el cuerno al Buhonero y este lo tasó en 1000 monedas de oro.
-Es toda una pieza de arte.
-Enséñame lo que tienes.
Tereyán compró la ropa del carro, toda extraña e incómoda.
-Se trata de ropa de morador. Depende de la clase de morador que quieras ser debes llevar un atuendo u otro.
El buhonero explicó un poco a Tereyán los asuntos de la moda moradora.
Las camisas amplias de lino y los pantalones marrones, acompañados por un sombrero parecido al de Peterus, eran para la burguesía.
Una especie de traje de una sola pieza era para los campesinos.
Los pantalones de cuero y los brazaletes de metal eran para los cazadores.
Y por último, para la nobleza había una serie de complicados atuendos de varias piezas.
Tereyán compró lo más parecido a un atuendo humano, la camisa y el pantalón.
-No estas mal.
-Ya veo. Por cierto ¿Sabes cual es la población más cercana?
-No, no he visto ninguna desde que aparecía aquí. En fin, yo me voy.
Después de entregar a Tereyán las monedas que le habían sobrado, cerró el carro y se dispuso a partir de nuevo.
-¿Puedo acompañarte?-Dijo Tereyán.
-No, yo creo que no. Yo no suelo compartir comida ni techo.
-Pagaré, por favor.
-No, siento decirte que ese dinero no puede hacerme cambiar de opinión. Si hubieses tenido mas… Pero bueno, supongo que no te irá mal por Rover. Yo me voy de aquí.
-Asqueroso canalla.
-Eh, eh. Solo soy un oportunista. En fin-Dijo poniéndose de nuevo el sombrero.-Ya nos volveremos a encontrar. Adiós Tereyán.
Golpeó a los enormes caballos y el carro empezó a avanzar rápidamente por el camino lleno de barro. Al de poco tiempo el carro ya estaba lejos.

viernes 19 de junio de 2009

El regreso

Jeka estaba confusa.
Ella era una diosa, lo había sido siempre ¿O no?
Ya no lo recordaba, ya no se acordaba de su otra vida, ella sabia únicamente que era una diosa. Pero al ver a Tereyán convertirse en un dios, Jeka sintió por primera vez en muchos años la sensación de repugnancia. Tenía que librarse de esa sensación.

Fue en busca de Tereyán. No estaba en ningún sitio, ni en la sala superior ni en la entrada.
Subió a la cabeza del edificio, para intentar encontrarlo en las calles de Mikoze. Finalmente, gracias a su gran vista, muchísimo más potente que la de los humanos, lo encontró vagando por las afueras. Jeka saltó a la calle desde la cabeza del edificio y aterrizó con un fuerte golpe que no le hizo daño.
Corrió hasta llegar a su encuentro. Estaba en una esquina, tirado en la calle sujetando su gran espada de piedra. De su mano brotaba sangre y él estaba mirando la sangre
-Los dioses no sangramos-Dijo-¿Por qué yo si?
-Tu no eres un dios
-¿Y entonces porqué estoy aquí?
-Para liberar a Talika
-Que mas da eso, todo me da igual
-Escúchame, te llamas Tereyán, no Olkfield y has venido aquí para salvarte, no lo olvides.
-¡Mientes!-Dijo golpeándola con su espada.
El golpe rozó la cara de Jeka y solo le hizo un rasguño del que no brotó sangre.
Tereyán se puso de pie temblando.
-Perdona, no se lo que me ha pasado. No sabia lo que hacía.
-Menos mal que solo has intentado matar a la diosa mas piadosa de Kerlas. Si lo hubieses intentado con cualquier otro ahora estarías pudriéndote en el Surepter, nuestro infierno.
-Tengo que irme de aquí. Todo es espantoso.
-¿Espantoso?
-Si. Sois horrorosos. Vivís en un mundo organizado de forma que hasta muertos tengáis
que trabajar como animales, sin poder descansar, sin poder parar.
-¿Y que?
-Tu no lo comprendes, en mi mundo también hay esclavos, también hay gente que los trata asé, pero no van a pasarse la eternidad trabajando, eso sería enloquecedor.
-Solo son seres inferiores.
-No, son seres iguales que nosotros dos, solo que no han podido superar esas estúpidas pruebas. ¡Espero que al ser que se le ocurran le sucedan los mismos tormentos que a todos los inocentes que ha hecho sufrir¡
Jeka puso una cara de furia y odio. Todo el cielo se nubló y todo quedó en silencio. Jeka empezó a hablar con voz grabe y cada palabra que decía, caía un rayo del cielo.
Tereyán se quedó atónito hasta que Jeka cesó.
Todo volvió a la normalidad y Jeka miró a Tereyán.
-No vuelvas a ofenderme, o lo que acabas de presenciar solo será un leve cosquilleo.
Tereyán asintió y Jeka le hizo levantarse. Cuando iba a coger la pesada espada, Tereyán la levantó a duras penas.
-Ya ha pasado una semana, la sangre de morador ha perdido su efecto.
Cuando iba a tirarla a un lado, apareció el consejero de los dioses.

Se había filtrado, igual que una lagartija, por un estrecho callejón.
-Divinos dioses, he cumplido mi misión-Dijo enseñando su mano, que tenía agarrada la mano de una moradora, envuelta en un hábito gris.
-Bien, puedes retírate.
El consejero se volvió a ir por el callejón como una lagartija y Tereyán empezó a hablar.
-Este es el momento para partir.
-Si, pero recuerda esto-Dijo Jeka clavándole sus afilados colmillos en su mano.
-¿Qué haces?
-Es un recordatorio de tu promesa. Te he inyectado un veneno que te matará en caso de que desistas en dar muerte a Kurtz.
-Podías haber elegido otro sistema.- La herida cicatrizó inmediatamente y quedaron las marcas del mordisco en su mano.
Tereyán, pronunció la palabra que el buhonero le había dicho.

Empezaron a sonar golpes, a un ritmo constate.
Todo se empezó a llenar de niebla y poco a poco, todo empezó a ser borroso. Jeka se alejaba lentamente y todo se hacía más grande.
-Antes de que me vaya- Dijo Tereyán- ¿Por qué es tan importante matar a Kurtz?
-Lo averiguaras cuando llegues…
Todo se volvió negro y Tereyán se vio hundido en un gran lago...

Henry Hart

lunes 1 de junio de 2009

Como se crea un Dios


El edificio en forma de Kerklas era un gran Templo. Era un gran Torreón de piedra con ventanales en sus lados. Las paredes de la sala principal eran de 150 metros de alto. Unas largas columnas recorrían las paredes y llegaban hasta el techo, donde se prolongaban hasta juntarse con las prolongaciones de otras columnas. Todo estaba en silencio. El suelo de piedra estaba frío y las paredes también. En la pared delantera había esculturas del resto del dioses, de unos 100 metros de alto. Cada una descasaba sobre un pedestal en el que estaba escrito el nombre de los dioses correspondientes.

En el suelo había una gran alfombra con un mapa de los niveles de Kerlas. En la habitación no había nada más, solo unos ascensores de piedra que subían hasta el techo.
-¿Qué lugar es este?
-La morada de los dioses en Mikoze.
-¿Y que hacemos aquí?
Jeka no respondió y se puso sobre la alfombra. Pronunció unas extrañas palabras y luego retrocedió.
Ante Jeka y Tereyán, la alfombra empezó a levantarse y a coger forma como una masa de barro. Poco a poco, la masa se fue convirtiendo en un morador vestido con una túnica roja. Había algo raro en sus ojos. Emanaban una luz verde que impedía ver sus pupilas.
Su pelo blanco le caía por la espalda como una cascada hasta el pecho.
Se echó al suelo y luego se levantó.
-Salve divina Jeka.
-Este es el consejero jefe de los dioses-Dijo Jeka- Carece de ideas fijas ni de personalidad, hace caso solo de nuestras ordenes. Es sabio, es un excelente asesino y domina el arcaico arte de la magia. Nos ayudará a encontrar a la moradora que buscamos.
Jeka se dirigió entonces al consejero.
-Busca a Talika, reina de los moradores en su otra vida.
-Las ordenes de los dioses serán cumplidas y nada podrá pararlo excepto los propios dioses.
Acto seguido pegó un salto y salió por una de las ventanas, que se rompió. Al instante la ventana se reparó.

Jeka propuso a Tereyán quedarse en el templo hasta que el consejero volviese con Talika. Subieron en los ascensores a la parte superior.

Era un espacio de piedra con numerosos retratos.
-¿Quiénes son?
-Son los antiguos gobernantes de Mikoze.
-¿No lo somos nosotros los dioses?
-En primer lugar recuerda que tu no eres un dios, Tereyán.
-Mi nombre es Olkfield.
-No, tu nombre humano es Tereyán.
Tereyán se paró a pensar.
-No lo recordaba.
-Sin duda el esta tanto tiempo aquí te está cambiando la personalidad. Es lo que les pasa a los moradores que llegan al nivel divino de Kerlas. Pero en el caso de las razas inferiores, es decir, los humanos, acabaríais siendo un ser que no para de sufrir por su raza, pensando que debería ser un morador, que acabarías muriendo por el sufrimiento.
Es el caso de Zista.
-¿Zista?-Dijo Tereyán sin mucho interés.
-Zista era una esclava humana de un morador que murió. En su testamento especificó que la enterrasen con ella dando igual su estado. Por eso ambos llegaron a Kerlas. El morador llegó a Mikoze con su esclava humana, que un día explotó en medio de la plaza de la ciudad. Desde entonces su calavera cuelga de la entrada de la ciudad para recordar que somos superiores.
Tereyán no se inmutó.
-Decías que aquí hay gobernantes.
-Si. Como los dioses vivimos en otro nivel, otorgamos el privilegio de gobernar Mikoze a un morador célebre e la otra vida. Así por ejemplo, hasta hace bien poco, gobernó un morador que había diseñado construir la ciudad en la que tu estuviste preso, un refugio para los moradores y más tarde, la ciudad real.
-¿Qué fue de él?
-No se agachó cuando Jakes pasó a su lado. Por eso lo castigó al infierno.
-Justo
-¿Quieres dejar de ser como nosotros? ¿Quieres volver a pensar en los demás y en sentir piedad y todas esas estupideces de los vivos?
Jeka siempre solía ser una diosa sabia e inexpresiva. No mostraba piedad ni crueldad, solo neutralidad. Pero sintió auténtico horror en ver la transformación de Tereyán, o mejor dicho, de Olkfield…

Henry Hart

lunes 25 de mayo de 2009

Mikoze


Tereyán abandonó el hueco donde antes habían estado las ruinas del palacio mientras se quitaba el sudor de la frente.
Aun tenía el cuchillo del buhonero con la sangre de Jakes, la sangre de un Dios.
¿Cómo era posible?
Ya había anochecido en Kerlas y por fortuna, no se topó con nadie hasta su camino a la poza. Se bañó y se quitó el sudor del cuerpo. Se cambió de ropa y metió el cuchillo en una pequeña bolsita de cuero.
Cuando algún esclavo morador se le acercaba, Tereyán se sobresaltaba.

Jeka no tardó en interrogarlo. Tras relatarle lo ocurrido, Jeka rió:
-Ahora que lo dices, no me había parado a pensar que Jakes no era mi hermano.
-¿Cómo?
-Lleva tanto tiempo con nosotros que no recuerdo su llegada. Bueno, estamos seguros, no podrá con la última prueba de Kerlas, es imposible de superar. ¿Cómo le ganaste?
Tereyán detalló su estrategia paso a paso y a Jeka se le iba borrando la sonrisa poco a poco.
-¿Quieres decir que tienes su sangre?
-Si, aquí está-Dijo abriendo la bolsita.
Jeka retrocedió espantada.
-¿Eso es de metal?
-Claro
-Apártalo de aquí-Dijo asustada.
-¿Por qué?
-El metal es la única materia que nos puede matar.
-¿Y como muere un dios?-Va al Supterer, el infierno.
Tereyán hizo memoria y recordó que nada estaba echo de metal, ni las espadas.
-Por eso todo aquel que traspase las puertas del palacio pierde todos sus objetos de metal. Pero tu diste el cuchillo al morador que utilizó Jakes en el duelo.
Tras guardar el cuchillo, Jeka volvió a acercase a Tereyán.
-Debemos irnos cuanto antes a Mikoze.

Tras confirmar su partida, marcharon para la cueva. La atravesaron sin problemas.

El ambiente en Mikoze era distinto. Olía a tierra húmeda y a graba. Mikoze estaba ubicado entre dos grandes montañas de piedra gris pura consumidas por numerosas canteras. En una pequeña depresión de la montaña había un lago y un pequeño bosque.
Entre las montañas se levantaba una gran ciudad en forma de D
Las casas eran de piedra con techos de madera. En medio de la ciudad había una edificación en forma de Kerklas. Los ojos de este eran dos grandes ventanales que iluminaban una gran habitación que ocupaba toda la cabeza de Kerklas.
Atravesaron un arco de piedra que tenía el lema “Kerklas nos vigila” tallado en él.

Pasaron por un tramo libre de edificaciones y entraron por el extrarradio.
Los moradores que los veían se echaban al suelo con cara de respeto y luego volvían a alzar.
-Eso diferencia a los esclavos de los libres, los esclavos deben estar en el suelo hasta que nos pierdan de vista.
Llegaron al centro de la ciudad. En el ambiente sonaba una música de ocarina y flauta, procedía de las calles, donde algunos moradores tocaban felices. Cesaron de tocar para tirarse al suelo y luego continuaron tocando.
Tras atravesar la ciudad, llegaron a la edificación gigante de un kilómetro de alto de Kerklas. Se entraba por un gran portón que se hallaba entre los pies de Kerklas.
Tereyán, antes de entrar, volvió la vista atrás.

Todos los moradores los miraban con cara de respeto y repitieron una consigna:
-Salve dioses creadores de la vida, la guerra, la inteligencia y la creatividad.
Una vez repetida dos veces, Tereyán hizo un gesto con las manos y todos cesaron.-El poder corrompe, no deberías acostumbrarte.-Dijo Jeka.
Henry Hart

miércoles 20 de mayo de 2009

El duelo divino


Tereyán se despertó poco después.
Tras analizar la situación, llegó a la conclusión de que no había otra salida.
Seguramente Jakkes ya sabía que Tereyán no era morador. Solo quería torturar un poco a Tereyán antes de matarlo. Si aceptaba el duelo, podía tener la posibilidad de arrojar a Jakkes al vacio y esperar que apareciese ante la primera prueba de Kerlas, así ganaría tiempo antes de que las superase todas y volviera y le matase. Si antes de que llegase, habían encontrado a Talika y se habían ido, Jakkes no podía hacerle nada.
Asimilado ya el problema, Tereyán esperó al día siguiente para que el duelo empezase.

El antiguo palacio estaba situado en un trozo de tierra separado del resto por un gran abismo. Se llegaba a el por un puente de piedra. La niebla blanca caía por los lados como una extraña catarata.
En la entrada al campo de batalla estaba marca por un arco de piedra que tenía una campana de piedra, la campana que marcaba el paso del tiempo.
-Bueno Olkfield, ya sabes. Una vez atravesemos el arco, tendremos cinco minutos para escondernos.
-Tu primero-Dijo Tereyán intentando resistir el impulso de correr.

Atravesado el arco, los dos echaron a correr por el campo de batalla.
Era inmenso y recodaba más a una ciudad que a un palacio. Tereyán, tras pensar, se eligió una torre alta que estaba un poco derruida pero que parecía buena para ver Jakkes desde las alturas.
Subió raudamente las escaleras y esperó.
Solo tenía a mano su espada de piedra, nada más.

Tras una eterna espera, sonó la primera campana. Empezaba la caza…

Tereyán empezó mirando si divisaba a Jakkes desde su posición, nada, la niebla lo impedía.
Cuando iba a bajar, oyó unos pasos por las escaleras.
-Que fácil ha resultado-Dijo Tereyán mientras daba un golpe funesto con su espada a la figura que se acercaba.
Pero para su sorpresa, la cabeza que rodó era la de un morador esclavo.
-¿Qué significa esto?-Dijo mientras temblaba
Arrojó la cabeza y echó a correr.

Poco a poco, fue encontrando más moradores y en algunas ocasiones degolló sin querer a inocentes que engañaban por la niebla.

Cuando fue hacia la torre otra vez, sonó la campana. De repente el suelo tembló y Tereyán vio que una grieta surgía en el suelo. Echó a correr y pudo saltar de la torre antes de que cayese al vació, un vacío sin fondo.
Pasadas 9 campanadas, Tereyán estaba asustado contra el arco de piedra, una de las pocas partes que quedaban del palacio.
Tereyán sudaba a espuertas. Su sudor marcaba su rastro en el suelo.
-Es curioso como sudas-Dijo Jakkes oculto en la niebla.-Los dioses no tienen esa pequeña pega, que en este caso resulta muy importante.
-Sal de donde estas si te atreves.
-¿Qué tal los moradores que has degollado?
Algo se acercó. Sin importarle quien fuese le arrancó la cabeza de un mandoble.
Reconoció la cabeza que rodaba, era la del morador que había encontrado a su llegada recogiendo peras.
Su cuerpo cayó al suelo y se oyó caer algo más que un trozo de carne fría y pálida, un sonido que quizás podía ser la salvación.

-¿Sabes que es lo curioso?-Dijo Jakkes- Que a mi antes no me gustaba esta prueba. Yo también sudaba como tú cuando el buhonero del cruce casi me arranca el 25% de mi cuerpo. Sudaba como tu cuando tuve que alimentarme de trozos de moradores. Pero yo soy un morador y como es natural, me volví un dios, que no suda ni sangra. Pero tu eres humano, y por eso no vas a ser un dios nunca. En fin, ahora creo que vas a morir.
Tereyán siguió con el plan que había planeado al cortar la cabeza al morador joven.
-Arrojo mi espada al suelo, para que veas que me rindo.
La espada golpeó el suelo.
-Bien, me ahorraras tener que luchar.
Poco a poco fue surgiendo la figura de Jakkes de la niebla. Allí estaba, con cara de satisfacción.
-Siento tener que hacerlo, pero los humanos siempre me han dado asco.
Y cuando levantó la espada para atestar el golpe mortal, Tereyán fue rápido.

Aparte del cuerpo sin vida del morador, también había caído al suelo el cuchillo que Tereyán le había dado a su llegada.
Tereyán sacó el cuchillo raudamente y cortando el aire, la hoja de metal penetró la piel y las venas y arterias del pie de Jakkes, clavándole al suelo.
La sorpresa fue mayor para Jakkes cuando del pie brotó. El no sangraba, ¿Por qué esa herida si?

Tereyán, igual de sorprendido, pero más espabilado, cogió la espada del suelo y rebanó los músculos del cuello de Jakkes con un tétrico sonido, el sonido que hace una cabeza desprendiéndose del cuello y rompiendo músculos, huesos y demás tejidos. No hubo sangre esta vez
La cabeza cayó al suelo y rebotó, rodando hasta el abismo.
Tereyán propinó una patada al cuerpo y este también cayó por el abismo.

Sonó la última campanada. Sin pensar, Tereyán echó a correr por el arco y saltó un segundo antes de que el pequeño espacio que no había desparecido cayese.
En la mano de Tereyán, aun estaba la sangre de Jakkes…

domingo 17 de mayo de 2009

Las normas del duelo divino


Jeka quedó en explicar a Tereyán las normas y reglas del duelo divino mas tarde.

Tereyán notó algo que le intrigaba, no había comido nada desde que estaba allí.
¿Comerían los dioses? En su llegada había visto a un joven morador recoger peras, pero no había visto comida ni un comedor o una cocina en todo el palacio.
Si no comía, moriría de hambre y su misión sería un fracaso.
Una vez Jeka hubiese vuelto, le preguntó por la comida:
-¿Comida?
-Si ¿Es que vosotros no coméis?
-No, todos los moradores de Kerlas están muertos, no necesitan ni comer, ni respirar ni tener sangre en el cuerpo.
-Pero yo he visto moradores recoger comida fuera del palacio.
-Eso son solo peras venenosas para elaborar un alcohol muy fuerte que bebemos. A ti te resultaría mortal.
-Pero necesito comer algo, sino moriré de hambre.
Jeka pensó y solo encontró una solución drástica.
-Tienes que comer carne de morador.
-¿Quieres decir que me coma un morador?
-Con una mano basta, y luego se le regenerará.
-Si solo hay esa opción

Jeka mandó llamar a un morador y le hizo cortarse la mano como señal de fidelidad a sus dioses. El morador se la amputó sin ningún reparo y la mano cayó al suelo sin derramar ni una gota de sangre.
Tereyán comió la mano y se sintió mejor.
-Es extraño.
-¿El que?
-Esto me habría asqueado cuando estaba en mi mundo, pero poco a poco voy perdiendo la consciencia de lo que es bueno o malo…
-Si no encuentras pronto a Talika, acabarás siendo uno de nosotros y no te querrás ir.
Hubo silencio

-En fin, creo que querías que te explicase las normas del Katruck
-Si
-El Katruck es un duelo que se celebra en unas ruinas. Ese es el campo de batalla, cualquier ciudad en ruinas. En nuestro caso, lo celebramos en las ruinas del antiguo palacio, destruido porque un morador fue infiel a los dioses y Kerklas estalló en cólera.
Por una de las ventanas se veía un palacio totalmente pulverizado en otra parte del valle.
-¿Eso lo hizo Kerklas?
-Solo por un enfado.
Tereyán empezó a sudar.
-Las normas son simples, dos moradores portando sus espadas tienen cinco minutos para esconderse y luego 100 minutos para encontrase.
-¿Encontrarse?
-Encontrase y rebanarse la cabeza.
Tereyán tuvo que quitarse el sudor de la cabeza con la maga de su traje.
-Obviamente a los dioses no nos pasa nada.
-Pero a los mortales si.
-En fin, es como una caza, no se te puede dar tan mal.
-¿Qué no se me puede dar tan mal? ¿Esperas que me meta en unas ruinas silenciosas contra el dios de la guerra y le de caza?
-Pues no has oído lo peor. Cada diez minutos se oye una campana y desaparece un 10% del terreno. Si ninguno a asesinado al otro, desaparece.
-¿Y a donde va?
-Muere de la forma más dolorosa posible, notas como te deshaces como una madera en el fuego y luego pierdes la noción del tiempo hasta que apareces ante la primera prueba de Kerlas. En tu caso que irías a tu cielo, si es que los humanos tenéis uno.

Tereyán, a pesar de tener coraje y valor, sentía miedo al pensar que iba a enfrentarse contra un morador, y no cualquiera, se trataba del mismísimo dios de la guerra de los moradores, cuya espada todo lo puede.Tereyán perdió el conocimiento y cayó de bruces a los brazos de Jeka.
Henry Hart

jueves 14 de mayo de 2009

Metiéndose en lios.


Hechos ya los preparativos para ir al nivel de Kerlas donde se suponía que iban a encontrar a Talika, (nivel llamado Mikoze), surgió un inesperado contratiempo.
Los niveles de Kerlas estaban comunicados por una especie de cuevas que mágicamente te llevaban hasta el nivel anterior. Por desgracia, la cueva que comunicaba el nivel divino con Mikoze había sufrido derrumbamientos. Esto hizo que su viaje se retardase unos cinco días. Los esclavos moradores retiraban los escombros mientras los soldados los presionaban.
Tereyán, observaba la escena con curiosidad. Los moradores no se valían de herramientas para retirar los escombros, se limitaban a retirarlos con sus manos.
Tereyán preguntó a uno de los soldados.
-Decidme ¿Por qué no usan carretas o palas esos trabajadores?
-Divino Olkfield-Contestó el soldado-, ellos son del nivel más inferior de Kerlas, no tienen derecho a ello.
-Ya, pero eso relentiza su trabajo. ¿No sería mejor, dejarles usar herramientas y luego prohibirles otra vez hacerlo, una vez terminado el trabajo?
El soldado razonó.
-Lo que usted deseé, divino Olkfield.
Acto seguido el soldado habló con otros dos que gritaban a los trabajadores.
Al de un rato, los soldados hicieron arrodillarse a los trabajadores y le otorgaron una herramienta a cada uno.
Estos dieron las gracias y siguieron su trabajo más rápidamente.

Mientras Tereyán se retiraba tranquilamente, encontró de lleno con Jakkes, dios de la guerra.
-De modo que otorgáis el derecho de las herramientas a los esclavos. ¿A que se debe?
-Trabajaran más deprisa, luego se las quitaremos.
-Entiendo-Dijo con aire despreocupado.- Por cierto ¿No tendrás ahora reparo en que nos batamos en duelo en Katruck, ya que tu ida se ha retrasado?
-No-Dijo Tereyán sintiendo que necesitaba urgentemente ayuda de Jekka-Celebrémoslo mañana. Hoy necesito realizar una tarea.
-En fin-Dijo blandiendo su espada- Pero espero que recuerdes que mi espada es la espada que todo lo puede ¿Verdad?
Daba la sensación de que él ya sabía que Tereyán era un humano, pero estaba jugando con él igual que un gato juega con un ratón antes de engullirlo.
-Claro, por eso espero no darte una desilusión-Dijo Tereyán alejándose de espaldas, sin entender muy bien como iba a demostrar que sabía batirse en duelo.

-Jekka-Dijo después- ¿En que consiste el duelo de dioses?
-Es una de las pruebas más duras a las que nunca se ha enfrentado nuca un ser. Suele usarse en la guerra. ¿Por qué?
-Necesito ayuda…
Henry Hart

martes 12 de mayo de 2009

Los niveles de Kerlas


Tereyán estaba nervioso. Su objetivo ya era matar Kurtz, no vacilaba ante eso, pero ahora sabía que hasta los dioses necesitaban ayuda de Tereyán para matarle.
Algo le intrigaba ¿Era Kurtz un enemigo tan duro de pelar?

A medida que iban pasando los días, Tereyán acompañaba a los dioses en diversas actividades, como debates, paseos por el palacio…
Todo era calma, pero no lo era para los pobres moradores que servían a los dioses. Eran tratados como basura. En su mundo había esclavos, y aunque tampoco los aprobaba, sabía que vivían mejor que los moradores al servicio de los dioses.
Tereyán, una vez estuvo solo con Jeka preguntó por los niveles de Kerlas.
-Hay miles-Dijo ella.- Cada cual más difícil. El más bajo está destinado para los moradores que no saben el juramento a los dioses. Si no lo saben, significa que no saben nada de los dioses. Estos se dedican a realizar los trabajos manuales más duros como la extracción de la piedra para construir nuestros palacios.
Más adelante están estos mismos, solo que estos han demostrado poder realizar trabajos más elaborados, por eso están en nuestro mundo, para realizar las tareas que podamos precisar.
Luego están los soldados, moradores fuertes pero con poco inteligentes. También en ese nivel están los consejeros, moradores de mucha inteligencia y poca fuerza.
También está un mundo donde están los artistas que realizan obras de arte a nuestro antojo. Mas arriba está un mundo parecido al tuyo, pero donde se vive feliz.
Por último esta nuestro nivel, el nivel de los dioses.
Como ves, casi todos los moradores mueren i nos sirven eternamente. Por eso es importante en un morador estar preparado para todas las pruebas.
-¿Y donde creés que estará la moradora que busco?
-La reina Talika. Seguramente en el nivel parecido al tuyo.
-Necesito ir allí cuanto antes, mi fuerza solo durarán un a semana y si las necesito para demostrar mi raza tendré que conservarlas.

Tereyán recordó que el dios de la guerra había querido realizar una especie de duelo en un lugar llamado Katruck.
-Si lo dices por lo de mi hermano, tranquilo, le diré que quieres visitar ese nivel de Kerlas para saludar a un viejo conocido que perdiste hace años. Te dejará tranquilo.

Tras la excusa, Karkes dios de la guerra acordó realizar el combate a su regreso.
Henry Hart

sábado 9 de mayo de 2009

Tereyán es descubierto


Tereyán estaba perplejo. Estaba en el paraíso, pero sin embargo sentía que algo no iba bien.
Todo era paz y calma, pero esos dioses eran monstruos. Eran bellos, eran sabios, eran fuertes, pero carecían de alma. No sabían lo que estaba bien ni lo que estaba mal. Aunque, a decir verdad, eran los dioses más justos. Dictarían ordenes basándose en la fría lógica sin tener remordimientos.
Su presencia era imponente, pero a la vez pensabas en lo que realmente habían echo y te sentías mal por ser uno de ellos, o al menos, aparentarlo.

Tereyán había sido llevado a un pequeño palacio que se encontraba en el recinto del mismo palacio divino.
Tenía a su disposición tantos moradores quisiese. Le otorgaron ocho almas, todas dispuestas a sufrir por el. Daba miedo pensar en lo que suponía ser uno de ellos, ser un ser que influye tanto miedo que tiene a sus súbditos en tal estado de servidumbre.
Le vistieron con ropas elegantes, todas blancas y le entregaron una espada, un precioso sable de piedra tan afilado que perforaba hasta la roca.
Le fue concedido el título de Divino Olkfield, dios del terror, ya que según los dioses, él influía más miedo que ningún otro dios.

La paciencia se le acababa, llevaba allí un día y se sentía fatal.
A la noche, mientras Tereyán se quitaba la ropa y se metía en el gran baño divino, Tereyán reflexionó sobre cuales iban a ser sus pasos.
El baño divino era un recinto de numerosas piscinas y pozas, todas ellas sobre ornamentadas con fuentes de caliza.
Cuando Tereyán dormitaba apoyando su cabeza sobre el bordillo de la poza de agua caliente, cuya agua superaba los 300 grados, sufrió una visita inesperada.

Jeka, la diosa de la inteligencia entró el la poza sin ropa.
Tereyán, entreabrió los ojos y vio la figura desnuda de Jeka.
Rápidamente cerró los ojos, fingiendo que aún dormía.
Jeka se sumergió en las aguas y empezó a hablar a Tereyán.
-Hace una noche espléndida, ¿No crees?
-Si- dijo Tereyán, un tanto nervioso.
-¿Extrañado?
-¿Por qué?-Dijo, intentando no fijar su vista en nada.
-Se que los humanos como tú tienen sentido del pudor.
-¿Qué?
-Se que no te sientes bien aquí, se que no apruebas muchas cosas de este mundo y se que tienes que salvar a alguien. Soy la diosa de la inteligencia, y se que tu nombre auténtico es Tereyán.
Tereyán se sentía más nervioso que nunca.
-Nosotros los moradores no compartimos vuestro sentido del pudor.
-¿Vas a delatarme?
-No, solo voy a utilizarte.
-¿Qué?
-Solo te pediré que cuando llegues a tu mundo, tu único objetivo sea matar a Kurtz
-¿Kurtz?
-Si me prometes que acabaras con Kurtz, yo te ayudaré a salvarte.
-¿Pero que clase de monstruo es que vosotros queréis verle muerto?
-Los moradores no son como él. Los moradores son descendientes de dos hijos de Kerklas que nacieron más débiles que el resto de los dioses, además de no ser inmortales.
Por eso, Kerklas desterró a su hijo y a su hija a tu mundo, para hacerles luchar por su esfuerzo para entrar en el cielo. Ellos procrearon, dando lugar a los moradores, descendientes de los dioses, causa por la cual tienen una ventaja superior sobre el resto de seres, y también el motivo por el que sienten desprecio por el resto de seres de tu mundo, odian estar en contacto con seres inferiores.
Pero Kurtz no es un morador normal, es un monstruo sediento de maldad, por eso, te encargo a ti, Tereyán, cazador, que mates a Kurtz y libres a los moradores de lo que puede hacer.
-De acuerdo.-Y tranquilo, ya me voy.

miércoles 6 de mayo de 2009

Los dioses


Tereyán fue llevado junto con Kerklas y el séquito de este hasta un inmenso jardín.
Todas las plantas del mundo estaban allí, algunas incluso que ni Tereyán conocía.
En medio de un lago que abarcaba las plantas marinas había un pabellón de piedra donde descansaban otros 4 moradores en meditación.
Kerklas se sentó en uno de los bancos de piedra que había en él e invitó a Tereyán a tomar asiento.
Una vez sentados los demás moradores dejaron de meditar y abrieron los ojos, sus ojos blancos con pupilas azabaches.
-Demos la bienvenida a Kerlas a Olkfield.
Acto seguido, los moradores pronunciaron unas palabras en voz baja y luego miraron a Tereyán.
-Supongo que ya me habréis reconocido-Dijo una moradora. Tenía el pelo amarillo chillón y llevaba un vestido parecido al de Kerklas, pero con el símbolo del sol como motivo de los adornos de su vestimenta.
-Claro que si, sagrada Sarkina, diosa del sol.
-¿Así que habeís superado la última prueba?-dijo un morador. Tenía el pelo negro. Su vestimenta también era blanca, pero esta era una armadura muy elegante con armas dibujadas en todas partes. También portaba una espada y un martillo.
-Si su divino Karkes-Dijo Tereyán descubriendo lo fácil que resultaba hacerles creer que era un morador
-¿Entonces dudasteis en matar a aquel niño?-Dijo Karkes con aire militar.
-Vamos hermano, no presiones a nuestro huésped-Dijo una moradora. Tenía el pelo de color marrón claro y su vestimenta estaba formada por un extraño material que parecía lana. Debía de ser Jeka, diosa de la inteligencia.
-Sabemos que es una prueba que ha hecho enloquecer hasta al más valiente morador-Dijo él último morador que allí se hallaba. Tenía un traje multicolor, al igual que su pelo. Portaba un gran pergamino y tenía una pluma en su mano derecha. Era Heskerl, dios del arte.-Muchos se quedaron allí salivando sobre si merecía la pena superarla.
-Lo sé-Dijo Tereyán arriesgándose- Allí estaban devanados en sus pensamientos, pero yo no dudé, sabia que había que hacerlo.
-Es un precio duro, rechazar a tu capacidad sobre lo que esta bien y mal para ser un dios.Tereyán se asustó. Esos seres mandaban sobre una especie y no distinguían el bien del mal. ¿Qué raza era aquella?

domingo 3 de mayo de 2009

Kerklas, dios creador de la luna


Tereyán contempló la gran puerta.
En ella estaban tallados con gran detalle miles de figuras mitológicas de los moradores, todas con un aire macabro.
Abrió el portón, que a pesar de pesar mucho, Tereyán pudo abrirlo sin dificultad gracias a su nueva fuerza adquirida.
Atravesó el umbral y se topó de lleno con una calle. Los edificios no rondarían los dos metros y medio de altura y estaban construidos con yeso blanco.
La calle estaba asfaltada con el mismo material y las puertas y ventanas de los edificios eran de madera pintada de blanco.
En la calle había algunos moradores vestidos con sencillos atuendos blancos, hilando lana en ruecas, tallando madera o soplando vidrio.
No conversaban entre si, ni se miraban, únicamente trabajaban.
Cuando repararon en la imponente presencia de Tereyán, dejaron su trabajo y se arrodillaron, muy sorprendidos. El vidrio se cayó al suelo cuando los moradores se arrodillaban rápidamente, sin importarles perder su trabajo.
Todos quedaron en silencio y Tereyán paso de largo, mirando extrañado a los moradores, imponentes monstruos como ellos, que podían quitarle el hipo a cualquiera, arrodillados.
Siguió la calle encontrando respuestas parecidas hasta llegar a las puertas del edificio del castillo.
Abrió otra vez la puerta y entró en una gran sala de mármol blanco. La sala tenía en su pared frontal unas largas escaleras de mármol blanco pulido y con dos estatuas de moradores en sus lados
De un lado a otro, pasó un morador un poco fofo que iba silbando, ataviado por una túnica. Reparó entonces en la figura de Tereyán y se arrodillo, pero levantando la vista.
-Salve puro morador que ha superado la última prueba.
-Puedes levantarte-Dijo Tereyán con firmeza, intentando pensar como se comportaría un dios.
-Soy el ayudante de los dioses, Aksul. ¿Cómo debo anunciaros a los dioses, su divinidad?
-Olkfield-Dijo sin tener ni idea de si ese nombre de morador serviría.
-Permitidme o gran Olkfield, que avise de vuestra llegada a los dioses.
-No me hagas aguardar
-No, su divinidad.
El individuo se fue rápidamente por las escaleras y en dos minutos, apareció un séquito de moradores vestidos con uniformes blancos y con sables y trompetas en sus manos.
Se pusieron en los peldaños de la escalera y tocaron sus trompetas mientras aparecía un morador por la puerta a la que conducían las escaleras.

Era alto, tenía el pelo blanco, como el resto de su cuerpo y llevaba un traje sobre-ornamentado con una gran media luna dibujada en él.
Llevaba una corona blanca de marfil y su cara, la cara de un dios, miraba a Tereyán.
Los soldados sacaron entonces sus sables e hicieron un arco con ellos alzándolos y fijando la vista en el suelo.
-Salve Kerklas, dios creador de la luna-dijo el morador rechoncho.-Saludos divino Olkfield. Me informan de que has superado la última de las pruebas de Kerlas. Bienvenido seas al paraíso.

domingo 26 de abril de 2009

Kerlas


Que paz se respiraba. Todo estaba en silencio y solo se oía el ulular del viento.
Tereyán poco a poco fue pensando ¿Dónde estoy?
Abrió lentamente los ojos y vio por primera vez Kerlas.

En un gran valle, en el que la fertilidad era algo sobreentendido, se deslumbraba un gran castillo de piedra blanca, de kilómetros de altura.
Lo rodeaba un gran bosque como el de Rover, pero este emanaba vida y felicidad.
Pájaros pasaban volando suavemente por encima y Tereyán miró de cara al sol, que brillaba esplendorosamente.
Aquello era el paraíso.

Tras incorporase, Tereyán vio que estaba calado, seguramente por las toneladas de agua que le habían caído encima.
Palpó sus bolsillos, no tenía nada.
Encontró a su lado izquierdo un cuaderno, clavado en el suelo por el cuchillo del buhonero.
Lo desclavó y empezó a leer.
“Ten cuidado, Tereyán. Los moradores te castigarán con creces si te descubren.
En realidad, para llegar a donde estar tú, hay que superar una serie de pruebas que te van llevando a distintas partes de Kerlas. Esta parte es la más alta, solo los dioses, guerreros indomables e ilustres sabios están donde estas tu ahora. Si te descubren, no solo te odiaran por osar entrar en su mundo, sino que además te aborrecerán por haber osado llegar al mundo de los dioses sin mover un pelo.
Nuestros dioses son varios:
Kerklas, dios creador de la luna
Sarkina, diosa creadora del sol
Jakes, hijo de Kerklas, dios de la fuerza
Jeka, hija de Kerklas, diosa de la inteligencia
Heskerl, hermano de Sarkina, dios del arte.
Intenta no entrar en temas mitológicos, porque son tan rebuscados que no acertarías nada.
Que tengas suerte”

Tereyán decidió entonces empezar la marcha hacia el castillo.
Mientras se adentraba en el hermoso bosque, iba recordando los nombres de los dioses, no muy fáciles. Pasó por senderos estrechos y angostos y más tarde por otros más espaciosos y anchos. Más tarde llegó a una calzada, en perfectas condiciones.
Tras andar un buen rato, descubrió aun joven morador que recolectaba peras de un arbusto.
Este , al verle, se echó al suelo empezó a susurrar.
-Te ofrezco mi alma o morador puro que ha superado la última prueba de Kerlas. Por favor, sé misericordioso con migo y llévate solo mi comida.
-Levántate, no voy a atacarte.
El joven no respondió.
-Soy inofensivo, no voy matando por ahí a placer.
-Todos los que han superado la última prueba de Kerlas son crueles, no es una prueba que puede superar cualquiera.
-Yo he realizado esa prueba pero tengo tanta sangre fría que pude pasarla sin ser cruel-Dijo Tereyán, metiéndose en camisa de once varas.
-O señor, perdone mi ignorancia, yo solo soy un recolector del mundo inferior que a sido agraciado con el privilegio de poder ver la parte alta de Kerlas al recoger fruta para los dioses, han sido generosos.
Tereyán pensó que clase de dioses dictatoriales habían creado tal nivel de servidumbre.
-¿Por qué arrancas las peras con las manos?
-No tengo derecho a un cuchillo, no superé la primera prueba y estoy en Jeklas, mundo donde vivimos para trabajar y elaborar los bienes reales.
-Pues toma-Dijo dándole el cuchillo del buhonero.
-Gracias señor, dejadme ser vuestro siervo en compensación.
-No, nada de eso. Vete antes de que me arrepienta de haberte regalado eso.
-Lo siento señor.-Dijo mientras se alejaba arrodillado y besaba el cuchillo provocándose heridas en la boca.
-¿Qué dios es tan cruel de tener a sus súbditos en ese estado de esclavitud?-Pensó Tereyán.
Siguió avanzando y llegó a la muralla del castillo, donde un gran portón de madera de unos ocho metros de alto impedía entrar a Tereyán en la fortaleza.
Henry Hart

jueves 23 de abril de 2009

El buhonero del cruce


Tereyán estaba en un extraño lugar.
Las paredes parecían echas de agua y no había nada, solo estaba él en una especie de caverna cuyas paredes estaban echas con algo viscoso.
Tras un rato de espera, surgió como un rayo una figura ante Tereyán.

Llevaba una especie de sombrero de ala ancha y tenía puerta una gabardina negra.
En su mano derecha portaba un bastón y en la otra una bolsa de dinero.
Tal y como había dicho la hechicera de Catta, tenía un lado del cuerpo totalmente normal, peor el otro no eran más que huesos y algún pellejo.
Tras hacer una reverencia, se presentó.
-Soy el buhonero del cruce entre la vida y la muerte. ¿Eres morador?
-No, soy humano.
-¿Humano? ¿Quiere un humano entrar en el mundo de los moradores muertos?
Tereyán explico brevemente su historia al ser medio vivo, medio podrido.
-Entiendo, osease que quieres entrar para llevarte el alma de una reina al mundo de los vivos para devolverla a su marido con el fin de que él te perdone el haberla matado.
Parece sencillo.
El buhonero sacó entonces un cuchillo de su bolsillo y lo afiló en uno de sus huesos.
-Bueno, pues yo soy la persona idónea. La pequeña pega es que exijo pago.
-¿Qué pago?
-Veamos, no pareces llevar nada de valor encima, así que voy a atener que pedirte tu el 25% de tu musculatura.
-¿Mis músculos?
-Si, espero a reponer la parte de mi cuerpo muerta con partes de otras criaturas para volver al mundo de los vivos.
-No puedes abrirme en canal para reponerte.
-Olvidaba que necesitaras esos músculos para vivir, claro, que ironía. Si quieres ir al mundo de los muertos tienes que morir.
-Hagamos una apuesta.
Acto seguido el buhonero sacó una mesa con un baraja de la nada, tan rápido como un rayo.
-¿A la carta más alta?
-Si. Si yo gano me quitaras el 0% de mis músculos, y si pierdo, el doble.
-Me parece justo. Dijo sacando un papel.
Lo apuntó y le hizo firmar a Tereyán con sangre, con un extraño juramento.
-Ya está. Ahora a la parte interesante.
El buhonero sacó una carta, el ocho.
Tereyán, preparándose para lo peor, sacó otra.
Su sorpresa no fue más cuando sacó otro ocho.
-Valla, en seiscientos años que llevo haciendo esto nunca ha habido empate. Supongo que habrá que volver a la apuesta inicial.
-Espera. Se supone que un empate es una victoria por parte de los dos.
-Bueno…
-Así que se realizan los dos premios. Tu me quitas el 0% , pero te llevas el doble, que es 0. Técnicamente, los dos hemos ganado ¿No?
El buhonero pensó un rato, y cuando estuvo a punto de cargar contra Tereyán con su cuchillo, estalló en una carcajada.
-En seiscientos años nadie me había echo reír. Todos estaban asustados menos tu.
Me gusta, creo que acepto.

El buhonero hizo desaparecer la mesa e hizo aparecer entonces un montón de objetos.
-Ahora voy a tener que hacerte pasar por Morador. Voy a tener que teñirte el pelo y la piel, tengo que cambiarte tu dentadura por una de colmillos y hay que hacer algo con lo de la fuerza sobrehumana que tenemos sobre vosotros.

Para la piel y el pelo, el buhonero sacó un par de frascos que hizo beber a Tereyán.
Poco a poco, su piel fue adquiriendo un tono blanco y su pelo un color azul.
Luego el buhonero arrancó con una tenaza los dientes a Tereyán.
-¿Cómo es posible que no me halla dolido?
-Estamos en un punto en el que nada duele, es como una parada en el tiempo.
Luego puso una larga fila de colmillos en su mandíbula.

Por último dio a Tereyán un brebaje que olía a sudor.
-Esto te dará la fuerza de un morador. Es su sangre.
-Que asco.
-Tranquilo. El efecto durara una semana, así que tienes que darte prisa en localizar ese alma y una vez lo hallas echo, pronunciar la palabra Tintum, tres veces.
-Tintum.
-Eso es. Bueno, ahora ya eres un morador. Te deseo buena suerte.

Acto seguido, el buhonero y el resto de objetos desapareció, dejando solo su cuchillo.
De golpe, el agua de las paredes empezó a desplomarse sobre Tereyán y en menos de tres minutos, Tereyán notaba como se ahogaba.
Henry Hart

miércoles 22 de abril de 2009

La hechicera de Catta


Tereyán cabalgaba solo y rápidamente, sin pensar en que lo estaban buscando.
Había cabalgado mucho, quizá nueve horas, y ya se había echo de noche.
El bosque de Rover era un tétrico lugar para viajar solo y de noche.
El camino, lleno de agua, se iba deteriorando a medida que Tereyán avanzaba hasta un punto en el que no era camino, era un barrizal lleno de hierbajos.

Tras unos veinte minutos de andar a trote con cuidado por el barrizal, Tereyán vio algo en la lejanía, una torre de humo que emergía del interior del bosque.
Tereyán dejó al agotado caballo atado a un árbol y se abrió paso por el espeso bosque hasta que llegó a un pequeño claro donde había una casa de piedra.
Estaba echa enteramente de piedra, el tejado, la puerta, las ventanas, todo.
Golpeó con las pocas fuerzas que le quedaban la puerta de piedra y se desplomó sobre el suelo, agotado.

Pasados unos minutos, la puerta se abrió y de ella salió una mujer.
Tendría 50 años y llevaba un vestido totalmente manchado de una especie de salsa roja.
Miró con extrañeza a Tereyán y lo arrastró al interior.

Tereyán, exhausto, notó como le abrían la boca y le hacía tomar un caldo hirviendo.
Gritó al sentir el ardiente líquido bajar por su garganta y agarró con fuerza la mano que le daba el caldo.
Reparó entonces que agarraba a una mujer, bastante sucia y pálida, con el pelo revuelto y con ojeras.
Pudo recordar que una mujer le había recogido, pero poco más.
-Tu me has ayudado
-Claro que sí-Dijo la mujer- Por eso me paga Peterus.
-¿Peterus?
-No me digas que me he equivocado de persona-Dijo agarrando un gran cuchillo de carnicero y mirándolo con furia.
Tereyán iba a intentar desarmarla, pero recordó que la necesitaba para sobrevivir.
-No, soy yo ha quien has de ayudar.
-Menos mal, ya pensaba que estaba dejando pasar una ración muy generosa.
-¿De que?
-Pues de carne humana-Dijo mientras se quitaba la sangre del vestido.
Tereyán sintió un escalofrío. Aquella mujer era una caníbal.
-¿Comes humanos?
-O, también ciervos, vacas y demás, pero desde que aquel Kurtz arrasó con la fauna, hay que apañarse con los desvalidos que piden ayuda.
Tereyán, a pesar de tener sangre fría, sintió ganas de gritar de horror.
-¿Quieres probarla?
-¡No!-Dijo rápidamente
-Tu mismo, pero algo tienes que comer si quieres llegar al lugar al que vas.
-¿A dónde?
-Pues a Kerlas donde sino.
-¿Qué?
-Peterus te ha mandado aquí para que traigas con tigo lo único que puede salvaros, la mujer de Latiko, la que se supone que mataste.
-¿Y tengo que ir hasta el lugar llamado Kerlas para ello?
-Es donde van las almas de los moradores una vez han muerto.
-¿Pero como sabré donde buscar?
-Yo no sé nada de eso, yo solo tengo que llevarte donde él.
-¿Quién?
-Pues el buhonero del cruce, ¿Es que no sabes nada?
Tereyán comprendió que era mejor no hacer preguntas.
-El buhonero del cruce era un buhonero morador que tenía tanta ansia de dinero que empezó a viajar a Kerlas para aumentar sus clientes. Tantas veces pasó la línea entre la vida y la muerte que ahora es un lazo entre la vida y la muerte de los moradores.
Por eso, tiene el lado izquierdo de su cuerpo vivo y el derecho muerto, para recordar que no pertenece a ningún mundo.
Un ser simpático si había dinero de por medio.
-Y el me ayudará a pasar al mundo de los moradores
-Eso supongo-Dijo encogiéndose de hombros y echando algo que parecían tripas a un caldero.
-Llévame ante él.
-El vendrá a ti
-¿Y como lo llamo?
-Si hay algo que le atrae con toda seguridad es el sonido del oro.
La mujer sacó entonces un pequeño cuerno de oro, con una cara medio muerta medio viva en su extremo.
Sopló y se oyó un sonido parecido al del metal forjándose.
Acto seguido, hubo un destello y Tereyán despareció de la cabaña.
-Que pena-Dijo la mujer- con él tendría aliento para dos semanasActo seguido, echó más tripas al caldero.

lunes 20 de abril de 2009

¿La salvación?


La botellita tenía forma de calavera y Tereyán la sujetaba con fuerzas para recordarle que no se rinda, que aquel mal nacido se reía de él como si fuese un animal.

Mientras repetía la consigna “Un último monstruo que quitaré de la faz de la tierra” pensaba un plan de fuga.
Tras varios días de intensos exámenes de las paredes de su celda, Tereyán comprobó que era imposible hacer un túnel desde el interior.
Mientras intentaba mirar si había alguna losa suelta, recordó el personaje que le había metido en este lío.
-Peterus. Seguro que ahora está haciendo trabajar a esos pobres desgraciados para hacer sus minas y hacerse de oro. Ni siquiera tendría pensado pagarme, seguro que pensaba matarme a traición. No es un ser respetable. ¡Maldito seas!
Mientras decía esto, golpeaba las losas del suelo con furia para desahogarse.
De repente, notó algo raro. Una de las losas se movía.
Supuso que sería causa de la falta de hambre y siguió mirando las demás.
Con un sobresalto, una de las losas se levantó y unas manos salieron de ella.
Tereyán asustado se echó para atrás, son comprender.
Lo comprendió todo justo cuando después de las manos salió un sombrero negro con una pluma dorada.
Ante él, fue saliendo poco a poco el hombre que había maldecido hacía apenas diez segundos.
-¡Peterus!
-Calla y ven.
Péterus arrastró a Tereyán hasta el túnel y luego puso la losa en su sitio.
-¿Cómo has hecho este túnel?
-No preguntes y sígueme.

Avanzaron por las estrechas cavidades del angosto túnel durante diez minutos y salieron a la superficie
Afuera llovía y Tereyán nunca estuvo tan alegre de volver a ver la luz del sol.
-Estamos fuera de la ciudad.
-Si, seguimos en Rover.
Tereyán se echó a los pies de Péterus y le dio las gracias mientras reía.
-Levántate-Ordenó Péterus
-¿Cómo has hecho este túnel?
-Cállate y escucha. No tardarán más de unas horas en reparar en que no estas. Tienes que correr hacia el norte.
-¿Hacia el norte?
-Escúchame-Dijo agarrando a Tereyán con una fuerza impresionante.-Si quieres salvar tu asquerosa vida de asesino coge ese caballo y corre como un diablo hacia el norte hasta que llegues a una cabaña de piedra. Si quieres salvar tu vida y la mía más te vale que llegues allí antes de que todo el ejército de moradores te encuentre y te torture hasta la muerte.
Corre y busca a la maga de la Cata, ella te explicará a donde tienes que ir.
I por todos los demonios, te juro que si te encuentran me encargaré de que el breve espacio de tiempo en el que compartamos celda te resultará un infierno.Tereyán se subió rápidamente a su caballo sin comprender nada y echo a correr con la botellita entre sus manos.

domingo 19 de abril de 2009

Un auténtico monstruo


Tereyán temblaba en su celda. Hacía frío y no había comido en tres días.
No había luz en los húmedos sótanos de la prisión de los moradores, solo un pequeño farol en la otra punta de la habitación.

No comprendía nada ¿Quién era Desxpet? El nunca había trabajado para alguien así y menos había matado a un morador. Se trataba de un error, un error que había servido para que Kurtz recuperase su vida.

Poco después, le sacaron arrastrándolo por los pies y lo llevaron a la torre del homenaje.
Le tiraron al suelo y le pisaron la cabeza
-¡Póstrate ante el príncipe Kurtz!-Dijo un guardia con desprecio.
Tereyán miró desde el suelo a Kurtz
Vestía con un elegante atuendo morado, negro y blanco, tres colores que parecían ser algo más para Kurtz
Al de poco, el guarda le puso unos grilletes y le encadenó a una argolla.
Le dejo a solas con Kurtz, que mostraba su horrorosa sonrisa. Empezó a reír a carcajadas.
Entre sus afiladas dagas de marfil, que subían y bajaban como las fauces de una bestia, restos de cadáveres de vacas y otros animales quedaban aprisionados, dando a su boca el olor de un campo de batalla.
-¿Qué tal esta el gran Tereyán en su celda?
-Me has utilizado para volver a tu vida, y para ello me arrebatas la mía. ¡Vil parásito!
Tereyán recibió una patada en la cabeza que le rompió un diente.
-¿Qué más da que ni padre crea que tu eres el asesino? Yo he conseguido lo que quería y mi padre también. Merece más la pena que uno sufra para aliviar el sufrimiento de dos
Es pura lógica.
-¡Monstruo!
-¿Eso me llaman? Si, puede que lo sea, pero tu eres algo peor. Tu matas por dinero, a gente que ni conoces. Lo haces solo por el lucro. Eres peor que yo, eres un vil y rastrero asesino a sueldo.
-No es cierto. Yo mato monstruos.
-¿Seguro? ¿No crees que sencillamente algunos eran gente no deseada? ¿Eres tan necio que no te has parado a pensar que algunos a los que mataste eran inocentes?
Tereyán no contestó.
-Pues siento decirte que si hay sospecha, hay castigo, así que tómatelo como un escarmiento por tu vida.
Acto seguido Kurtz le propinó una paliza y le escupió.
Aquel esputo era como pegar un mordisco a una carne podrida.
Tenía el olor de la muerte, el aspecto de la violencia y reflejaba maldad.
Aquel ser no era normal, era demoníaco y terrorífico.

Tras llamar a los guardias, Kurtz le dio a Tereyán una botella.
-Es veneno. Es extremadamente doloroso, pero extremadamente efectivo. Tardaras en morir 2 horas, muy dolorosas. Acéptalo como caridad
Mientras los guardias se lo llevaban, Tereyán maquinaba un plan de fuga, no para huir, sino para acabar con ese ser demoníaco, el último monstruo al que arrebataría la vida.


Henry Hart

jueves 12 de marzo de 2009

La corte de los moradores


Tereyán estaba asustado y tenía miedo a la muerte. Por una vez, en toda su vida de riesgos, alguien le había dado miedo. Lo que más decepcionaba a Tereyán, era que el responsable era un monstruo de tan solo 15. El se sentía inferior. Cada vez que veía subir y bajar la mandíbula de Kurtz con sus colmillos, sentía una sensación de inferioridad y humildad brutal.
Pronto la puerta frente a la que se habían parado se abrió y dejó pasar a los dos.
Entraron a un gran patio, lleno de fuentes, esculturas, bancos y lo más extraño de todo, árboles de piedra.
Atravesaron el patio y entraron por otra puerta hasta un gran salón.
En él, se hallaba la corte de los moradores.

El salón parecía el comedor de un gran castillo. Había largas mesas de madera a los lados y una mesa mucho más elegante en el fondo de la sala.
Cientos de moradores estaban sentados a la mesa y comían. Algunos más ancianos que otros, otros más distinguidos que otros, pero todos moradores.
En la mesa del fondo se sentaba un morador. Tenía el pelo azul y vestía con una larga capa del mismo color que su pelo y una túnica verde. Portaba una gran corona y un largo cetro.
Todos los comensales cesaron de comer al llegar Kurtz con Tereyán.
-Padre-Dijo Kurtz al hombre del fondo.-He vuelto y traigo a quien buscabas.
Kurtz tiró a Tereyán al suelo y le hizo arrodillarse.
El rey hizo un gesto para que le acercasen a Tereyán. Un par de soldados lo cogieron por los hombros y lo llevaron ante el rey.
-Soy el gran Latiko el justo, rey de los moradores. ¿Eres tu el gran Tereyán?
-Si-Dijo Tereyán asustado
-Bien, ¿Te suena el nombre de Takila?
Los comensales murmuraron
-No
En el momento en el que Tereyán respondió, Latiko lo agarró por el pelo y le dijo:
-Tu mataste hace diez años a Talika, una moradora del dolor por encargo de un tal Desxpet. ¿No te suena?
-No
-Pues para tu información te diré que mataste a la reina más bella, justa sabia y delicada que los moradores han tenido nunca.
-Por favor, yo no la maté, debe de ser un error
-Más te gustaría-Dijo Latiko
-Padre-Dijo Kurtz-Para compensar el agravio que causé hace ya mucho tiempo, traigo lo único que puede consolarte, el asesino de madre.
Latiko pensó
-Hijo, puedes volver a la familia. Llevad al príncipe Kurtz a la torre del homenaje.
Dos guardias acompañaron a Kurtz por una puerta mientras él miraba a Tereyán con aire burlón.
-En cuanto a ti-Dijo mirando a Tereyán- Te cortaré la cabeza y la colgaré viva encima de mi trono.!Lleváoslo de aquí!

Henry Hart

miércoles 25 de febrero de 2009

La ciudad de los moradores


La marcha fue interminable. Duró solo 3 días, pero para Tereyán fueron 3 semanas.
El frío azotaba y Tereyán estaba helado. Por lo que parecía, Kurtz soportaba mejor todo, el frío, el cansancio, el caminar descalzo, todo. Una vez, Kurtz encendió una hoguera, pero solo para secar su ropa, empapada por la lluvia. Tereyán hizo un amago de calentarse y Kurtz le propinó un mordisco en el dedo.

Durante sus días de viaje, Kurtz comió dos vacas que robó en un pueblo e hizo comer a la fuerza a Tereyán un poco para que no desfalleciese. Las temperaturas estaban entre los cero grados y los menos diez, algo de calor para Kurtz.
Por fin, llegaron a su destino, un lago.
-Este es el final de trayecto.
-¡Vas a ahogarme! Tu o la persona que te pagó.
-Estupideces, no pienso darte una muerte así.
Kurtz se acercó a la orilla y se zambulló en las profundidades. Tuvo el cuidadoso detalle de atar a Tereyán por las piernas.

De repente, salió del fondo sujetando una espada.
-Maldita sea, aquí hay un cadáver.
Tiró la espada a la orilla y luego un cuerpo que estaba blanco.
-Y luego dicen que los cadáveres flotan. De eso nada.
Acto seguido volvió a sumergirse y luego salió con una especie de cuerda en la mano.
-Tú, ven aquí
Tereyán avanzó con dificultad. Finalmente, Kurtz cansado, le agarró del cogote y lo llevó hasta la cuerda.
-Coge aire y ni se te ocurra salir a la superficie o quedarás metido en una cueva submarina llena de agua, sin salida.
Kurtz lleno sus pulmones y Tereyán obedeció.
Acto seguido, Kurtz tiró de la cuerda y una fuerza los arrastró hacia el fondo. La cuerda se metía por un túnel, luego por una serie de cuevecitas y luego por una gran cueva llena de algas, todas moradas. Finalmente, la cuerda los arrastró hasta una gran gruta, esta sin agua, que tenía numerosos grabados en las paredes.

Kurtz salió del agua, arrastrando a Tereyán por la nuca, como un telele.
Avanzaron por la gruta un rato, hasta que pronto se oyó una voz.
-¿Quién se osa a entrar en la gruta de los moradores?
-Yo, el príncipe Kurtz.
Ante eso, un par de seres salieron de la oscuridad. Ambos eran moradores del dolor y vestían con uniformes de soldado. Uno era corpulento, con el pelo azul y otro delgado con el pelo blanco.
-Tú estas desterrado. Vete antes de que demos la alarma y te ejecutemos.
Tereyán extrañaba tal odio hacia su príncipe.
-Si, pero decidle al rey…-Kurtz susurró al guardia algo que Tereyán no entendió
-¿Es este?
-Si
Acto seguido, el guardia propinó un severo puñetazo al caza-recompensas y luego una patada.
-Te compadecería ante la que te espera, pero te odio demasiado para desearte clemencia. Pasad.
Los guardias dejaron paso libre y Kurtz siguió andando.

Atravesaron un pequeño arco y llegaron a una gran cueva. Aquella imagen, no se iría de la cabeza de Tereyán hasta el momento de su muerte.

La cueva, tenía en sus paredes cientos de casas escarbadas en la piedra, casas simples, lujosas, amplias mansiones, pequeños cuchitriles, algunas más ornamentadas que otras.
Todas eran en conjunto una gran ciudad que llegaba hasta donde alcanzaba la vista.
No había nadie en las calles, pero si había luces en el interior de las viviendas.
Atravesaron la entrada principal de la ciudad y llegaron a una plaza en la que había una gran escultura de una mujer. Era bellísima y tenía un largo libro en sus manos. Estaba rodada de pequeñas figuras de moradores.
Pasaron en frente de una especie de catedral de catorce metros de alta y numerosas esculturas en su fachada.

Finalmente, llegaron a un amplio palacio, que se situaba alto en el final de la ciudad. Una música de órgano escapaba de su interior.
-Arrodíllate-Dijo Kurtz- Vas a ser ejecutado en breve.
Henry Hart

miércoles 18 de febrero de 2009

Kurtz


Tereyán despertó con una extraña sensación. Pronto, descubrió que era porque estaba atado de pies y manos en un par de árboles, con la cabeza hacia abajo.
Estaba desarmado y todavía sentía dolor por los arañazos del monstruo. Cuando intentó sacudirse, una afilada uña le pasó por la espalda, recorriendo una de las heridas anteriores que ya había cicatrizado.
-No me gusta que hagas eso-Dijo una voz que Tereyán recordaba con horror.
-¿Quién eres?
Al instante, el tétrico semblante del monstruo se plantó delante de la cara de Tereyán.
-Me llamo Kurtz, hijo y legitimo del rey Latiko y por tanto, príncipe de la corte de los moradores del dolor.
-¿La que?-Dijo Tereyán
Las uñas de Kurtz se clavaron con fuerza en la espalda de Tereyán.
-Sigue así y me obligarás a llegar al hueso- Dijo Kurtz.- ¿Es que el gran Tereyán no sabe lo que son los moradores del dolor?

Tereyán pensó, y luego vino a su mente un corto texto que había leído en la biblioteca de Grandembur.

Una arcaica raza. Su nombre provenía de que podían soportar golpes y heridas bastante más letales en cualquier otra raza sin sufrir apenas. Su cuerpo podía estar a temperaturas de entre 45º bajo cero y más de 200º.
Lo que ningún morador del dolor soportaba era la compañía de otras razas. Odiaban, en concreto, a la raza humana. Les producía repugnancia muchas de las cosas de la raza humana. No solo la grasienta textura de su piel ni su baja condición física, sino su forma de ser.
Ellos veían a los humanos como unos seres endebles, estúpidos y prescindibles que intentaban aparentar lo que no eran y se engañaban mutuamente. Odiaban su falso orgullo y las disputas inútiles que tenían.
No había cosa que detestasen más.
Por eso su apariencia parecía terrorífica para los humanos, para tener el mínimo contacto con ellos.
Comían carne fresca, muy, muy fresca

-Creí que solo eran una leyenda
Un arañazo, esta vez muy profundo, penetró en la espalda de Tereyán, haciéndole producir un grito de horror.
-Si vuelves a decir eso, te haré ver como me como tu brazo derecho vivo.
Tereyán, sabía de sobra que no debía volver a poner en duda la existencia de Kurtz
-Esta bien, endeble humano, voy a tener que atarte y tener que llevarte lejos de aquí.
Será un viaje de 3 días y espero no tener que dañar mucho tu estado.
-¿Por qué no me matas ya?-Dijo Tereyán
-¿Mataría yo al gran Tereyán? No, eso no debe hacerlo alguien como yo, debe hacerlo alguien más digno, y estoy dispuesto a ver que precio pagan por verte un segundo antes de ser decapitado.

Tereyán y Kurtz habían intercambiado los papeles. Ahora era la cabeza de Tereyán la que iba a entregar Kurtz a saber quien.
Mientras ataba a Tereyán, este pensó a que enemigo sería vendido.

Estaba la princesa de los demonios del hielo, que reclamaba venganza desde que mató a uno de sus hijos.
También Exinter, otro caza-recompensas al que Tereyán había arruinado.
Y bueno, también estaba su padre, dueño de unas tierras que habría matado a Tereyán de no ser porque escapó en el último momento.
-Bueno, despojo humano-Dijo Kurtz- Espero no tener que estropearte, tu mayor enemigo pagará mas por tu cuello si te presentas de una pieza.

Lo más sorprendente es que tenía razón, eran superiores. Un adolescente de 15 años había atrapado a todo un ejemplo a seguir en seres humanos
¿Pero porqué un príncipe iba a realizar esa tarea? ¿Y porque Kurtz? Todos sus enemigos podían hacerlo por su cuenta, sin necesitar intermediarios
Mientras caminaban, Tereyán vio con autentico miedo, un miedo que no había experimentado en años, que la cabeza del mendigo que le había llevado a la aldea estaba ahora en el río, bajando a gran velocidad…
Henry Hart

miércoles 11 de febrero de 2009

El monstruo


La mañana, igual que la noche, la tarde y el mediodía, se presentó gris.
Tereyán se desperezaba en la plaza del pueblo, arrojando piedras a un arroyo. De vez en cuando, algún pez gris asomaba su cabeza y se volvía a esconder.

Tereyán había notado algo raro desde que estaba allí. A pesar de ser un bosque inmenso, donde obviamente había animales, no se oía nada.
Todo era silencio en los bosques de Rover. Nunca se veían pájaros o mamíferos, solo peces en los ríos y lagos.
Tereyán dudaba, no había comido carne desde los tres días que llevaba allí. ¿Desconocería esa gente el sabor de la carne?

Mientras iniciaba el regreso a la casa del dueño y señor de la provincia de Rover, un hombre le interrumpió. Estaba vestido con ropas aun más desgastadas y sucias que el resto del pueblo y olía a sudor.
-Señor, una limosna, por caridad
Tereyán, aunque de corazón poco compasivo, dio un par de monedas al mendigo, que las tiró al suelo.
-El oro de poco sirve si no tienes nada que llevarte a la boca.
-Pues no pienso darte nada más, búscate un trabajo.
-Si, ¿Cuál? Desde que ese monstruo destruye nuestras aldeas, roba las terneras para darse un festín. No las cocina, no las deshuesa, sencillamente las engulle. Luego prende fuego a lo poco que queda sin matar y disfruta con su olor a ceniza.
Es como una astilla envenenada, se mete en tu mano y poco a poco, acaba con todo un dedo. Luego, con la mano, y más tarde, te das cuenta de que te ha envenenado por completo
-¿Cómo conoces tanto sobre el monstruo?
-Yo vivía en Iris, la primera aldea que envenenó. Solo yo he sobrevivido a su ataque lento. Todos los demás han sido encontrados llevados por el río hasta algún molino o presa.
-Yo solo quiero acabar con él, cobrar un dinero e irme de aquí, esta tierra da mala espina. ¿Puedes llevarme a la última aldea que arrasó?
-Señor, si usted me trae su cabeza, le daré todo el oro que aquí no sirve para nada.
-Esta bien.

El mendigo robó un caballo y Tereyán cogió el suyo. Dos horas más tarde llegaron a un claro del bosque que antes parecía haber tenido casas.
Tereyán tenía a mano su arco y su estoque.
-Esta bien, yo me voy de aquí.-Dijo el mendigo.
-Espérame.
-Lo siento, es demasiado peligroso, una vez muerto, regresa a la aldea por el mismo camino y me encontraras.-Dijo mientras fustigaba su caballo
-¿Cómo encuentro al monstruo?-Dijo Tereyán, gritando mientras el mendigo se alejaba
-El te encontrará a ti.-Se oyó decir al mendigo en la lejanía.

Todo era silencio en los restos de la vieja ciudad. No se oían ni el piar de los pájaros ni siquiera el viento, solo silencio.
Tereyán descubrió con sorpresa un reguero de sangre seca. Se internaba en el bosque y acababa en un río.
Tereyán examinó la cercanía sin éxito.

Cuando estaba a punto de volver por el camino por el que había ido, un ruido, como de risa diabólica se oyó a sus espaldas.
Se dio la vuelta varias veces, pero solo había árboles.
-¿Quién eres?
Cuando estaba ya agarrando el mango del estoque, Tereyán notó un arañazo que le recorrió la espalda y le hizo caer al suelo.

La herida escocía y Tereyán notaba como la sangre brotaba de las venas y empapaba su camisa hecha jirones.
Cuando se dio la vuelta, descubrió a su agresor. Fue entonces cuando Tereyán marco su vida para siempre.

Ante él, se encontraba un ser terrorífico.
Debía de tener unos 15 años, al menos eso aparentaba su es que fuese humano. Medía cerca de un metro setenta y cinco. Su pelo era morado, apretujado con un gorro de cuero en forma de cúpula.
Su piel era blanca, no pálida, blanca como el mármol. Su cara reflejaba pasión y crueldad. Sus ojos, tenían un brillo negro como la obsidiana. De su boca, salía una fila de colmillos, que dejaban ver la sonrisa más demoníaca que Tereyán había visto nunca. De entre sus dientes, trozos de carne brotaban como el musgo entre las piedras.
Llevaba el pecho al descubierto, que dejaba ver que se encontraba en perfecta forma física. Sus brazos estaban llenos de sangre seca y demás manchas que solo sugerían escenas de violencia.
Llevaba unos pantalones de cuero muy apretados, casi parecía que le cortaban el riego.
Sus pies descalzos eran blancos y tenían todo tipo de objetos cortantes clavados.
En una de las manos, llevaba una zanfoña, un instrumento muy peculiar.

Tereyán quedó sobrecogido ante tal estampa, no sabía lo que pasaba pero sentía un miedo similar al de los ratones cuando ven un gato que puede engullirles sin dificultad.

Lo último que vio Tereyán fue el pie del monstruo acercándose cara y haciéndole perder el conocimiento.
Henry Hart

lunes 9 de febrero de 2009

Rover


Tereyán se tomó un extraño descanso. Uno de los días lo dedicó a bajar al pueblo a comprar armas y flechas y a afilar las armas, y el otro lo dedicó a hacer una selección de las armas que ya tenía. Así su inventario final fue:
Su estoque favorito.
Un arco de gran precisión.
Una daga corta.
Un cuchillo.
Una especie de tirachinas que lanzaba piedras que se clavaban hasta el hueso.
Una cuerda muy resistente.
Una espada pesada para situaciones extremas.
Así cerró su baúl y luego guardó en su jergón un poco de ropa y sus amuletos de la suerte. Así, ya estaría amaneciendo cuando Tereyán se ponía en la cabeza un sombrero que impedía que la gente pudiese verle la cara.
Como la otra vez, Peterus llamó a la puerta y Tereyán sacó al exterior su pesado baúl y su jergón.

A pesar de que los días anteriores a la partida, había hecho un sol fulminante, ese día llovía con fuerza y la ida fue dura. Al de 8 días de viaje, llegaron a la prometida provincia de Rover. Exceptuando algunos lagos y montes, la provincia era un bosque enorme en el que de vez en cuando había una población. Los caminos estaban en un estado muy peligroso, encharcadas por las constantes lluvias. Los edificios, bastante precarios, no variaban más de casas, iglesias y alguna tienda como carnicerías.
Los lagos sólo daban peces Numefos, los cuales se usaban únicamente para la confección de ropas, grises y bastante mal olientes.
Pasaron por dos pueblos arrasados y con signos de muerte, tal y como había dicho Peterus.

Pasadas unas horas, llegaron a una aldea que tan solo tenía unas diez casas, un templo, un reducido mercado y una casa más resistente que parecía ser de alguien más privilegiado.
Salió a recibirlos un puñado de agricultores, que no daban precisamente sensación de acogida. El que no tenía un miembro amputado, padecía de polio o tenía pinta de demente.
Tereyán, al bajar de su caballo, medio desenvainó su estoque. Salió de su casa entonces un hombre rechoncho que parecía ser más sano que el resto de desgraciados que formaban el comité de bienvenida.
-Saludad todos al gran Tereyán, el grandioso cazador que ha prometido matar al monstruo que ha acabado con tantas vidas.
Ante aquello, la gente empezó a murmurar.
-Tendríamos que haber ido a la capital de la región- Susurró Tereyán a Peterus.
-Esto es la capital.
El hombre rechoncho era el actual dueño y señor de la provincia. Los acogió en su casa (que tenía las comodidades básicas) y se mostró feliz ante la idea de negociar con sus tierras.
Tras la cena, Tereyán pidió a Peterus que saliese al exterior para hablar.

-¿Me estás diciendo que esto es la provincia de Rover?
-Se que decepciona, pero en cuanto compremos a ese imbécil sus tierras, sacaremos millones con su subsuelo. Primero utilizaremos a los habitantes que puedan trabajar en la mina, y luego, más adelante les expulsaremos y traeremos auténticos mineros. Talaremos este abundante bosque y construiremos una provincia que tenga casa altas y derechas, las joyas de Rover se venderán a millón y una vez esta región halla agotado su efectivo, haremos lo mismo con otro imbécil que desconozca que bajo su terreno hay millones de piedras que valen una fortuna.
-Cómo, ¿es que la gente lo desconoce?
-Sí, la iglesia AngoRovica lo ha mantenido en secreto, para que gente como yo no haga este tipo de cosas
-¿Y cómo te has enterado de esto?
-No puedo decirlo.
-No me convence lo de explotar a esos desgraciados.
-Venga ya, ¿vas a renunciar a miles de millones por un asqueroso pueblo? Además, imagínate ser dueño de una de las provincias más ricas de este mundo. Si tu matas a ese monstruo y distraes a la iglesia AngoRovica podemos conseguirlo.
-Me parece ruin y cruel.
-¿No es así el trabajo de caza-recompensas? Al fin y al cabo, tú recibes dinero por ser cruel con otros seres.
-Pero no humanos.
-¿Y aprecias diferencia? ¿Podrías matarme ahora? Hago mal, como esos monstruos tuyos, soy idéntico.
Tereyán pensó un momento y luego agarrando a Peterus por el cuello dijo:
-Sólo acepto por dar esa gente un nuevo lugar donde vivir. Si me haces dueño de las tierras, podrán quedarse y el dueño tendrá derecho a la mitad de mis ganancias
-Hecho.


Henry Hart

domingo 8 de febrero de 2009

Peterus


Tereyán miró primero por uno de los destartalados ventanucos y comprobó que alguien había atado a su caballo en las cuadras y estaba golpeando la puerta de entrada a la torre del homenaje.
Agarrando con firmeza su daga, bajó las escaleras de piedra hasta el vestíbulo, lugar donde había dejado su baúl con sus armas.

La puerta crujía y se echaba hacia atrás con cada golpe. Con sigilo, sacó de su baúl un estoque bastante maniobrable que le había acompañado en numerosos viajes y abrió la puerta lentamente.
Fuera, el día era lluvioso y oscuro, al contrario de lo que Tereyán recordaba. El hombre que había estado aporreando la puerta. Llevaba una armadura negra y dorada que le cubría parcialmente el cuerpo. En vez de un casco, como sugería el resto de su atuendo militar, llevaba un sombrero negro que tenía una pluma dorada en su punta.
Llevaba consigo un sable lleno de joyas y que parecía estar hecho de platino.
Su pelo castaño conjuntaba con su mirada que tenía el mismo color que el de las brasas que quedaban después de asar un cordero.

-Busco al gran Tereyán, ¿Podéis llamar a vuestro amo?
-Yo soy el gran Tereyán
-¿Tu?-Dijo observando el sucio aspecto de Tereyán, provocado al caer en su trayecto final a casa en un charco de barro.- Tereyán es uno de los hombres más respetados de este continente ¿Iría este vestido con los harapos que vistes?
-Si visto así es porque acabo de llegar de mi viaje a través del monte Ende, y si me disculpa, quiero descansar.

Mientras cerraba el portón de golpe, el hombre hizo un movimiento y entró en el castillo.
-Escuchadme Tereyán, tengo entre manos un trato que podría hacerle dueño y señor de toda una provincia.
Ante aquello, Tereyán vaciló un momento antes de desenvainar su estoque y luego lo arrojó al suelo como señal de inocencia.
-Bien, sabía que os interesaría.

El desconocido apoyó sus pies en la mesa de madera y se acomodó mientras Tereyán traía un néctar de baya verde.
Para el rango social que parecía tener el desconocido, tenía muchas cosas que daban a entender que era un hombre ruin y de poca confianza.
-Bien, ahora escuchad- Dijo el hombre- ¿Conocéis la provincia de Rover?
-Si
-Pues ahora mismo está siendo atacada por un monstruo que disfruta primero dejando indefensas las aldeas robando la comida y escribiendo frases malditas en las paredes de las casas. Una vez ha ahuyentado el comercio y la reputación de la aldea, disfruta prendiéndole fuego.
Se desconoce su raza y su edad, pero se sospecha de un diablo del infortunio, uno de los más difíciles de matar.
Nueve cazadores han muerto ya intentando asesinarle.
-No me diga, ahora es cuando entro yo en juego.
-No, ahora es cuando entro yo. Fui con la intención de emprender una expedición minera a una de sus muchas galerías. Tenía pensado en establecer una región nueva de diamantes y expulsar a toda la zona del lugar. Pero hasta que ese monstruo no deje de meter miedo a los viajantes, no podré ni acercar a los mas necios a las galerías.
Y bueno, si usted se hace cargo del monstruo, puede que le de el 10% de los beneficios de los diamantes y podría… Hacer que usted sea dueño de la zona. Como ya sabe, muchas veces la extracción de diamantes está prohibida por razones religiosas, pero si usted es dueño del terreno puede hacer la vista gorda.
-Entiendo. Por lo pronto acepto, pero necesito saber su nombre.
-Me llamo Peterus, el mayor proveedor de joyas a las cortes de todo el mundo
-Esta bien, venga dentro de un par de días y partiremos, primero quiero descansar.
Sólo tengo que matar a un monstruo más y podré hacerme millonario, es mejor que ser tan solo dueño de unos campos de trigo…- Pensó Tereyán


Henry Hart

sábado 7 de febrero de 2009

Tereyán

El olor a cerrado era tal, que el aire daba la sensación de no haberse renovado en años. Las telarañas colgaban de los escudos y candelabros ya oxidados.

Sus pasos rompieron el silencio de la abandonada sala. Pesados pero sigilosos, sus pies calzaban unas pesadas botas de cuero llenas de barro. Sus piernas estaban ya cansadas, con ganas de reposo.

Se dejó caer con lentitud en una silla cercana, que crujió de tal forma que parecía que un gato estaba siendo aporreado. El metal de las espadas chocaba ahora con las losas de piedra del suelo.

Mientras se dormía pudo ver con claridad lo que había sido su hogar.

Alto, fuerte, hábil y bello era Tereyán, el cazador de recompensas. Su melena castaña llegaba hasta su largo y ancho cuello. Sus manos podían estrujar una manzana y hacerla polvo, al la vez que escribir con una delicada letra un poema de amor a la amada.

Desde sus 17 años, Tereyán adoraba el dinero, casi más que su vida. Tan solo un segundo después de proponerlo, Tereyán con 18 años había aceptado luchar contra aquel orco de dos cabezas, que las perdió en un desigual combate por parte de Tereyán.

Ahora las cabezas colgaban disecadas junto con el resto de objetos, trofeos y amuletos conseguidos en sus viajes.

Había navegado por el inescrutable golfo de la muerte, había reunido todos los amuletos de la colección de la monarquía Debierense, había matado a más de 20 criaturas míticas y había dormido en el cementerio de Areyu, el que castiga a todos sus huéspedes vivos.

Cansado por su largo viaje, había vuelto a su hogar, vacío ya desde hacía 3 años.

Su morada, el castillo Branduar era un pequeño Bastión en ruinas, del cual se conservaban las salas más prestigiosas. En una solitaria colina, el héroe había vuelto a casa.

Decidido a llevar ahora una vida sedentaria, estaba dispuesto a reconstruir el castillo y a convertirse en señor y propietario de la zona, y, quien sabe, casarse y tener hijos…

-¡No!-dijo Tereyán para sus adentros- ¿Por qué me invaden la cabeza estos pensamientos? Yo antes pensaba en la aventura, en la acción, en la recompensa… Pero ahora solo puedo pensar en un hombre viejo que no ha hecho nada para ganarse su sustento y que vive a costa de otros.

¡No!-Dijo en voz alta mientras observaba con nostalgia las cabezas del orco.

Pero cuando iba a aliviar sus penas con el mejor néctar de la zona, unos golpes secos en la puerta le sorprendieron.

-La suerte me guía. Que nuevas traerá el mundo...



Henry Hart

sábado 24 de enero de 2009

Derian IV


- Ssseñor –dijo el draconiano de la guarida., en brevesss debería empezar a prepararssse.

- ¡Oh, lo del embajador ese! –dijo Derian desperezándose estirando los brazos en un bostezo infinito.

El draconiano marchó y Derian se dijo a si mismo que tal vez tendría que preguntarle su nombre algún día. Como de costumbre, se introdujo en sus ropas y fue a salir por la puerta. No más hacerlo, se encontró con un cuchillo en su cuello. La estaba malcriando permitiéndole esas cosas, pero ella se negaría a seguir órdenes estrictas sabiendo la debilidad que él por ella sentía. Niña rebelde…

- Buenos días recién entrada la noche –se adelantó Derian-.

- La ratita salió de su escon… ¡Eh, eh! ¿Estás tonto? ¿Qué haces?

Derian había empezado a andar para ir a comer algo y no le importó hacerse un corte largo en el cuello. Phrinne, sin comprender, retiró rápidamente el cuchillo del cuello al herirle.

- ¿Estás bien? –dijo ella siguiéndole- De la cabeza y eso…

- Es una suerte que el susodicho embajador llegue de noche, –dijo ignorando lo que Phrinne decía. El corte de su cuello era poco profundo pero sangraba- los vampiros no podéis exponeros a la luz del sol, ¿verdad?

- Claaaro, y nos repelen el ajo y los crucifijos, y necesitamos ser invitados para entrar en una casa… ¿Te crees todos los tópicos que oyes?

- Sabiendo los tópicos sobre los hombres lobo, no. Es absurdo eso que dicen de la plata.

- De todas formas lo del sol es cierto.

- Bueno, a mi tampoco me gusta, aunque no me sea una amenaza… ¿Y la comida? ¿Tenéis una dieta variada o sólo bebéis sangre?

- Solamente sangre, pero podemos aguantar varios días sin ello. De todas formas piensa que no todo el mundo tiene un sabor igual. Hay gente con una sangre exquisita y otros que aceptas en el caso de que morir sea la alternativa.

- ¿Quieres? –dijo Derian señalándose el corte del cuello-.

Phrinne le miró a los ojos y se le acercó. Pasó la lengua lentamente para saborear su herida y bebió un poco de su sangre rozándole el cuello con los colmillos. Esa sangre era… era sabor puro, emanaba poder. Tanto que…

- ¡Eh! –dijo Derian empujándola a un lado- ¡Sin morder!

- Es que una se deja llevar por el instinto –dijo sonriendo-.

Phrinne se limpió una gota roja que bajaba desde sus labios en dirección a su barbilla. Sabía que siempre había podido controlarse cuanto quería, pero con él… ¡Qué sangre tan maravillosa!

Mientras Derian comía algo, Phrinne se fijó en que además de buen estómago contaba con una regeneración impresionante. Las heridas recién hechas en su cuello ya habían cicatrizado. Ahora apenas había una marca rosada que iba normalizando su color por momentos.

No mucho más tarde salieron ellos dos bien armados junto con otros cuatro afiliados. Aunque se hubiesen bastado Derian y Phrinne para acabar con la escolta, dejó que se les unieran compañeros ociosos. Tendrían alrededor de una hora para preparar una buena emboscada.

Llegados al camino del bosque, empezaron a prepararse. Derian estaba inquieto sin saber por qué, algo no le daba buena espina. Pensó que a lo mejor era la idea de poner a Phrinne en peligro. Empezaba a obsesionarse, pensó que tarde o temprano le pasaría factura.

- ¡Vienen! ¡Escondeos! –dijo uno de los asesinos no protagonistas de relleno.

Todos se ocultaron en los árboles. Venía una carroza tirada por caballos con apenas ocho guardias. Una pequeña cortina tapaba la ventana y evitaba que se viese a aquel gobernador ahí sentado.

- ¿Qué pasa, tienes miedo? –dijo Phrinne al ver a Derian temblando.

- Silencio.

- Era un comentario jocoso…

Derian vibraba de tensión. Generalmente le pasaba en los momentos de máximo peligro, en los que tenía que tener su instinto y percepción en situación óptima. Sin embargo aquella no era una situación complicada.

Phrinne le enseñó un puñal. Derian asintió pero le hizo gesto con la mano para que aguardase. Estando bien posicionado el vehículo, le dio la señal. Al momento, Phrinne lanzó el arma en dirección a la carroza. El puñal atravesó la cortina y se clavó dentro del habitáculo. El ruido fue seco, no había nadie ahí dentro. Los guardias empezaron a moverse buscando a los enemigos y se oyó un grito de ataque. Derian se dio la vuelta y vio como una lluvia de flechas venía donde ellos. Aparecieron unos cincuenta soldados que no habían visto. En la oleada de saetas murieron dos de los compañeros y otro fue herido en la pierna. Esa emboscada podría cobrarse la vida de todos. Phrinne, que para no ser alcanzada había tenido que bajar del árbol, se encontraba ahora peleando con varios guardias. Derian pegó un salto para alcanzarla y pelear a muerte por ella. Mató varios soldados y Phrinne tampoco se defendía mal, pero una red le alcanzó y del tirón perdió el arma.

- ¡Derian! –gritó ella viéndose arrastrada.

Derian se encontraba medio transformado por la ira. Intentó abrirse paso entre soldados pero recibió un flechazo que lo mandó al suelo. Volvió a levantarse rugiendo para intentar seguirla pero una espada le atravesó el estómago. Miró el metal atravesado en sus tripas y lo vio desaparecer en su interior al recuperarlo su dueño. Volvió a dirigir su mirada a esa indefensa vampiresa. Se la llevaban…

- Phrinne…




The Blind

miércoles 21 de enero de 2009

El Fuego del Alquimista:



La Alquimia era la única actividad que ocupaba su tiempo y sus grandes dotes, el único oficio que era digno de su habilidad y de sus cualidades, tanto físicas como mentales, por lo que pasaba todo el día encerrada en sus aposentos, los sótanos de una ruinosa casa de las afueras del recinto amurallado, una hermosa mansión gótica con aires decadentes.

Una única gota transparente, brillante y hermosa como un pequeño diamante líquido y valiosamente preciada, se escurrió en el interior de la copa de nívea plata e incrustaciones de rubíes que descansaba sobre la única mesa del diminuto cuarto, procedente de uno de los numerosos alambiques que allí había.

Ella saltó con avidez sobre la joya en forma de copa; su cabello de fuego ardiente refulgió en la penetrante oscuridad, que unas pocas velas de llama titilante apenas conseguían arrinconar en las esquinas. Sus ojos albinos, una mezcla entre el rosa y el violeta brillante, destellaron en una miríada de reflejos irisados al ser rozados por la luz del recipiente plateado. Sus dedos pálidos como el más puro alabastro acariciaron el metal y recorrieron todas las facetas y llagas de los diamantes de sangre, lengua se deslizó sobre sus labios rojos y carnosos, perfectamente dibujados en un rostro altivo y blanco.

Hundió los dedos en el líquido transparente, que apenas llenaba un cuarto de la copa, y un desagradable siseo reverberó en las desnudas paredes de la habitación. Se lamió la mano sangrante y en carne viva, y el fluido se escurrió por su gargante de forma deliciosa, tibio y espeso, como a ella le gustaba.

Afuera, entre las sombras del pequeño salón que hacía las veces de recibidor, la esperaba él, y no dudaba de que aquélla iba a ser su bebida favorita, al menos desde el momento en que la probase. Sonrió para sí y salió de la habitación, a su encuentro.



Sus ojos ambarinos destellaron salvajemente en la penumbra, y eso lo delató: inmediatamente supo ella dónde se ocultaba.

La muchacha dejó caer los pesados ropones que cubrían su cuerpo, y la luz de las velas se reflejó en su piel marmórea. En ese mismo instante, la sangre fluyó tibia por entre sus muslos, y, con toda la naturalidad del mundo, llenó la copa hasta que por fin el espeso líquido rozó el borde del recipiente.

Se acercó al joven que la esperaba, y le tendió la copa rebosante, posando el frío metal sobre sus labios entreabiertos con una sonrisa lujuriosa. Él bebió con rapidez, tragando el brebaje, mientras la amante se inclinaba sobre su rostro y le cubría de caricias la piel.

El beso final fue apasionado, con el toque metálico de la sangre. La garganta le ardía mientras el líquido brillante y mortal que le había ofrecido ella le llegaba al estómago.
Estalló de dolor cuando el Infierno se desató en sus entrañas.

Pero tenía un sabor tan dulce... y ella era tan hermosa...



Lady Nerón

jueves 15 de enero de 2009

Bajo la luna llena


-Hijo, ¿se puede saber adónde me llevas?- preguntó por enésima vez.
Me volví de nuevo procurando ser paciente.
-Ya lo verás. Es una sorpresa- sonreí.
Clavé mi mirada en la suya. Sabía que mis ojos bicolores le intimidaban. No volvió a preguntar y se limitó a seguirme.
Desde luego si le contaba el porqué de nuestra incursión en el bosque tal vez diese media vuelta. Pero como había dicho, es una sorpresa.
La nieve crujía bajo nuestras pisadas. Los árboles comenzaban a estar muy juntos. Eso significaba que no quedaba mucho para llegar al corazón del bosque. Una brisa helada penetraba en mis pulmones y el olor a humedad impregnaba el ambiente.
-“Ya casi estamos”- dije para mis adentros.
Continuamos avanzando. Mi padre me seguía con dificultad. Varias veces me detuve a esperarle. Bajaba la temperatura, a pesar de que las copas de los árboles actuaban como manta.
Volví a detenerme. Olisqueé el aire. Pude olerlos. Sonreí.
-Prepárate, padre. Nunca has visto nada igual.
Esperé pacientemente a que se zafara de las zarzas que ahora le atrapaban y cogí su mano. Estaba fría como el hielo, al contrario que las mías.
Aparté los últimos matorrales y llegamos a una llanura blanca con forma circular cubierta por la nieve. Los árboles se abrían respetando el círculo como una enorme cúpula y dejaban pasar los rayos de la luna llena. Realmente este lugar debía ser el centro del bosque. Pero lo más impresionante se hallaba en el centro de la explanada, donde cinco lobos descansaban unos junto a los otros. En cuanto llegamos levantaron la cabeza y nos miraron.
Mi padre se puso por un momento tenso. Se acuclilló con lentitud sin hacer ningún movimiento brusco.
-“Como si eso fuese a detenernos”- me reí para mis adentros.
Caminé despacio alejándome de mi padre. Cuando llegué junto a los lobos uno de ellos acarició su hocico contra el mío como saludo. Me volví y busqué los ojos de mi padre. Éste había caído rendido de rodillas.

Caí rendido de rodillas. Una lágrima resbaló por mi mejilla. Por mucho que me doliera, admiré la belleza de mi hijo. Su tamaño superaba al de los otros cinco. Su pelaje era negro como la muerte, que contrastaba con los colmillos blancos y afilados que ahora se cernían amenazadores hacia mí. Lo único que no había cambiado en él eran sus ojos. Esos ojos a los que nunca me acostumbré.
-Supongo que ahora no tiene sentido disculparme por todo lo que te hecho sufrir- susurré entre lágrimas.
Las fauces de la criatura se cerraron sobre mi garganta a modo de respuesta.


The Reaper

viernes 9 de enero de 2009

Derian III


"... y en respuesta a Áridan, la diosa Sherede buscó una solución a su medida. Una mortal correría la misma suerte que el mortal enviado por Áridan pero con las características naturales del murciélago. Llegado el día señalado, ella se rebelaría y, tomando un camino distinto, daría muerte a su oponente impidiendo que Áridan y él se hicieran uno."

Nashde, sacerdotisa de la luna.


Una sombra se cernía sobre un hombre asustado. El hombre, que ocultaba algo bajo su capa, corría con miedo por los callejones vacíos tratando de evitar algo que no sabía siguiera si allí se encontraba. ¿Le estarían siguiendo? No quería ni saberlo, solo de pensar en ese temible licántropo se le helaba la sangre… Tropezó y un pequeño paquete se le escurrió de entre las manos. Se apresuró a recogerlo y miró hacia atrás para verificar que nada le acechaba. Horrorizado, salió corriendo aun más rápido. No estaba seguro de si había visto algo pero en tal caso era mejor no quedarse esperando a que viniera a por él.

El hombre se detuvo y vio en el edificio que había ante sí, una figura oscura acuclillada sobre el tejado. Pronto se movió a toda velocidad y el hombre le perdió de vista.

- ¡¿Quién eres?! –dijo mirando a su alrededor con el pánico circulando brutalmente por sus venas bombeado por ese rítmicamente acelerado corazón.

- No son más que burdas palabras las que tú emites –dijo una cruel voz femenina-.

- ¡Sal de las sombras, asesina! –gritó el hombre llevando disimuladamente su mano derecha a la empuñadura de una daga.

- Bastardo. Has elegido el camino erróneo y, para tu desgracia, te haré ver cual es el camino que debiste escoger. Te arrepentirás de no haber cohibido tus intereses…

- ¡¡Sal de las sombras!!

- Nunca debiste traicionarla a Ella…

La sombra atacó de golpe y, un mordisco más tarde, el hombre estaba inmovilizado y perdiendo su sangre gota a gota a través de unos afilados colmillos. Cayeron tanto la daga como el paquete que portaba y cuando Phrinne le soltó, le miró a los ojos. El hombre, medio muerto, hizo una petición:

- Por favor… hazme como tú… hazme… inmortal…

- Lo serás, si es que acaso conservas tu alma, pues tu cuerpo será festín de los gusanos.

Y dicho esto, clavó un puñal en su nuez y lo tiró al suelo dejando que, por unos momentos, agonizase ahogándose en su propia sangre. La poca que le había dejado…

Es entonces cuando se acercó otra persona dando unas perezosas palmadas.

- Bien, bien, bien… -dijo Derian sonriendo y yendo a recoger el paquete- Parece que te interesa de verdad. No has dudado en acabar con su vida. Incluso has hablado con tu víctima como te recomendé.

- Tenías razón en que se disfruta más robando la vida a alguien si tienes la posibilidad de contarle algo bonito. De todas formas no hace falta que actúes como un instructor, ya soy conocedora de la doctrina.

- Sí, casi me siento conmovido por ello –dijo Derian en aire burlón simulando secarse las lágrimas con los nudillos-.

- Ahórrate las lágrimas. Las necesitarás para nuestro próximo combate.

Con un rugido, Derian se abalanzó sobre Phrinne transformándose levemente en lobo por la furia y, cogiéndola del cuello y estampándola contra una pared, le dijo:

- ¡No oses volver a hablarme así!

- Tranquilo lobito -dijo ella soltándose con calma, los colmillos y pelaje que le habían empezado a salir por un momento a él, empezaron a desaparecer-. Si eres tan fuerte no tienes nada que temer –y con esto dio un simple beso a sus labios, logrando que Derian se atontase por un momento-. Y tampoco parece que quieras hacerme ningún daño, todo son palabras.

- Esto me pasa por juntarme con gente de mi calaña –dijo Derian habiéndose dado cuenta del momento de flaqueza que había mostrado por un momento. ¿Qué tenía ese… ese bicho?-.

Caminaron juntos por un rato en silencio. Como de costumbre, las calles estaban henchidas de oscuridad a excepción de algunas antorchas a las puertas de alguna posada. Como de costumbre, poca gente se encontraba a esas horas deambulando por esas zonas: apenas algún mendigo durmiendo y gente de aspecto refutable.

- ¿Quién era ese vehemente? –preguntó Phrinne por curiosidad.

- ¿Ese? Uno de los asesinos de rango más bajo dentro de la Hermandad. Lo cierto es que no me caía bien, así que su traición me ha servido para librarme de él.

- ¿Qué había hecho?

- En esencia, dos cosas: pretendía vender información sobre nosotros y, por otra parte –dijo mientras desenvolvía el paquete y sacaba su contenido: una piedra negra completamente pulida y brillante-, había robado esta piedra. Con ella Akt-Mah, un nigromante muy poderoso y miembro de la élite de la Hermandad, podía mantener algunos conjuros como los guardianes esqueleto de las guaridas en constante funcionamiento. Es una forma de que, aunque se relaje, se mantengan. También es gracias a él que mis ropas no se destrozan cuando me convierto en lobo, es como si se transformasen conmigo. Como comprenderás la piedra era muy importante, sobre todo por lo último. Raro objeto donde los haya.

- Entiendo.

Tras otro momento de silencio, fue Derian quien habló:

- ¿Quién fue la persona con la que acabaste el otro día? Vamos, ese asesinato que nos ha hecho querer contactar contigo.

- ¿Ese? –dijo Phrinne sonriendo por el cambio de personas en el interrogatorio- No era más que escoria, se merecía lo que obtuvo.

- Pero aun no me has concretado quién es.

- Él... –dijo Phrinne tornando su rostro tristeza para de seguido convertirlo en odio- ¡Él no era más que el perro que asesinó a mi madre! ¡Era mi padre!

- ¿Hace cuanto de eso?

- Varios años, siendo yo una niña. Desde entonces escapé de él para planear una perfecta venganza, entrenando día y noche para desarrollas mis habilidades. Lo encontraron en el tejado de la iglesia de este barrio con todos sus órganos esparcidos y la sangre reciente. Le arranqué el corazón manteniéndole el tiempo suficiente con vida como para introducírselo en la boca rompiéndole la mandíbula.

- Oh, yo maté a mis padres sin quererlo pero me alegré pasado poco tiempo. Habrían sido una carga para mi talento… ¿Cómo te convertiste en lo que eres?

- No lo recuerdo pero sirvió para mejorarme en todo. Fue como un regalo. Un día me desperté con el sabor a hierro de la sangre en mi boca y con dos marcas en el cuello –dijo mientras se dejaba ver dos puntos en el cuello-. Entonces fui descubriendo a la nueva yo. ¿Y tú?

- A lo más que alcanzo a recordar es una pelea con un perro, supongo que sería un lobo, pero no tengo ningún tipo de marca, cicatriz o similar. De todas formas, ¿los vampiros eligen a hermosas jóvenes carismáticas para hacerlas sus semejantes y después huir como un mancebo vergonzoso que no se atreve a decir una palabra a la fémina que nubla su mente?

Phrinne se le encaró y de nuevo volvió a besarle, pero esta vez apasionadamente, dejando sus lenguas fundirse en fuego y aprovechando de mientras para colocar la punta de su puñal a la altura del estómago de Derian. Se separó de sus labios unos pocos centímetros de forma que lo único que podía ver era su rostro, estando esta vez más descentrado de lo que su condición de asesino permitía.

- Pobre mancebo vergonzoso, –dijo Phrinne dejando, como de costumbre, ver sus colmillos- ¿nubla tu mente la joven hermosa y carismática? Nuestra próxima pelea será pan comido para mí.

- Creo que es la joven hermosa y carismática la que tiene la mente nublada –dijo Derian sonriendo aún más que ella-. Ni siquiera se ha dado cuenta que su puñal está desviado por uno mío y que tiene otro casi acariciando su suave cuello. Venga, vayámonos ya a la guarida.

Phrinne se quedó quieta y sorprendida por un momento mientras Derian empezó a andar pero se tomó de buena gana su derrota en lo que a presumir concernía antes de su pelea.

- Por cierto –dijo Derian parando y volviendo la vista atrás-, es delicioso el sabor de la sangre en tu boca…




The Blind

domingo 21 de diciembre de 2008

Derian II

“... y tras ser encerrado por los demás dioses para proteger de él a los humanos, Áridan juró vengarse. Maldijo a todos los que le traicionaron y prometió que, a nivel mortal, un hombre con el poder natural del lobo salvaje nacería y llevaría a cabo su venganza habiéndose llevado antes numerosas vidas. Él moriría para liberarse de su cuerpo, su carga, y se fusionaría con Áridan, dios del caos, para traer el mal a sus enemigos.”

Idánidas, profeta de los tiempos.

- Habla –dijo Derian-.

- Nosss ha llegado un pedido importante –dijo el draconiano un poco amedrentado por la mirada de su superior-. Matar al embajador que llegará dentro de tres días desde la ciudad de Askfirth. Razones políticas.

- Lo que no veo es la urgencia –dijo Derian un poco molesto-. ¡Dentro de tres días! Ya me estaba emocionando pensando que ahora mismo tendría que ir hasta los aposentos del rey y hacer un dibujo con las tripas de su mujer.

- Lo… lo sssiento… -dijo con miedo el draconiano- Yo no…

- No importa. Puedes retirarte.

Mientras el draconiano marchaba, Derian volvió a tumbarse. Debía de ser aún por la mañana pero él siempre dormía de día y acechaba a las noches. La próxima le tocaba una noche de iniciación. Se hablaba de una joven que había matado a alguien y Derian tenía que hablar con ella para ver si quería unirse a su peculiar asociación…

Anocheció y Derian se levantó. Se puso sus ropas y ocultó en ellas algunos cuchillos. Pasó por el dormitorio donde dormían el resto de los asesinos de rango inferior de esa guarida simplemente por la rutina de ver que todo iba bien. Luego comió algo del almacén pero no mucha cosa, apenas una manzana y algo de pan. Siempre dejaba sitio en el estómago por si caía algo de carne y, por supuesto, solía caer. Finalmente pasó por la sala común y aclaró las circunstancias de una misión a un par de soldados para luego dejarla en manos de Ífenid, el segundo asesino de mayor rango de allí. Era un hombre con experiencia y muy bueno en su trabajo. Un claro candidato a ser uno de los grandes líderes de la Hermandad Oscura.

Entre las sombras de la noche, Derian caminó por los barrios bajos. Llegada a una zona concreta, entró por un callejón que daba a un pequeño patio donde había una entrada a las alcantarillas, allí dentro se metían algunos mendigos a dormir. A su vez, en una esquina había una manta cubriendo a una persona. Él se acercó suponiendo que era la persona que buscaba. Justo antes de tocarle, la persona hizo un rápido movimiento que pilló a Derian desprevenido y en un momento se encontró con alguien a su espalda y un cuchillo acariciando su nuez.

- Buenas noches, pequeño caza-recompensas –dijo una voz femenina en tono dulce en su oído-. Parece que te has metido en la boca del lobo…

Esta comparación hizo gracia a Derian, quien, a pesar de su situación, se rió a carcajada limpia y le dijo:

- No tienes ni idea de lo que estás haciendo.

- Vaya, no me digas… ¿Acaso te encuentras en una posición de ventaja?

Derian logró apartar el cuchillo de su cuello, arrebatárselo, inmovilizarla boca abajo y hacer que el cuello que acariciase el metal, fuese de la mujer. Ella intentó revolverse sin lograr nada y Derian pudo ver tanto sus pronunciados colmillos como sus rojizos ojos, que le recordaban a los suyos propios.

- No me habían dicho que la próxima iniciada era una vampiresa. Y tampoco me esperaba que estuvieras tan bien preparada, a pesar de que dicen que tu asesinato fue toda una obra de arte.

- ¿Quién eres?

- Alguien que viene a ofrecerte un digno trabajo –dijo Derian mientras soltaba a la vampiresa-, cosa que nadie va a ofrecerte en esta ciudad tras tu crimen. Soy uno de los líderes de la Hermandad Oscura, Derian.

- ¿La Hermandad Oscura? –dijo ella un poco confusa. Derian vio como sus ojos cambiaban de color y se volvían una mezcla de verde… o azul… no sabía bien distinguir el color- Siempre pensé que no era más que un mito.

- El caso es que tu acción ha despertado nuestro interés. ¿Te gustaría seguir matando? Lógicamente tendrías un sueldo.

La vampiresa paró un segundo para pensarlo pero, al igual que Derian, no desvió la mirada. Se había dado cuenta de que había provocado en Derian un interés algo más allá del que marcaba su currículo. Dejó escapar una pícara sonrisa que mostró de nuevo sus colmillos y dijo:

- Me llamo Phrinne, cuenta conmigo.



The Blind

domingo 14 de diciembre de 2008

Tziissah, servidora de Tzeentch:


(La imagen (dibujo) es original, pero ha sido modificada "genéticamente" con el ordenador para que pareciese que de verdad estaba envuelta en los vientos de la magia del Caos. Es decir, que se ha distorsionado la línea con el fin de que aparezca rodeada de un calor latente y el fondo ha sido realizado con varios tonos rosados y violetas para repesentar la naturaleza de la magia)

El gélido viento de Shyish formó ligeras nubes violetas cargadas de la mortífera energía del Caos entre los dedos de la bella señora de la Disformidad. Las finas hebras de magia se entrelazaron hasta formar una nebulosa rosada e iridiscente del tamaño del cráneo de un hombre adulto. El cielo se abrió y las nubes descargaron un cegador rayo de luz que pronto absorbió la punta del báculo de la hechicera, alzado en alto.

Opuesta a la mortífera doncella de Tzeencth, separados por todo un campo de batalla sembrado de cadáveres deformes y putrefactos de los que Nurgle hacía su festín, un sacerdote guerrero se alzaba imponente sobre un pequeño montículo de cuerpos desvalijados hacía tiempo por los saqueadores imperiales. Alzaba dos dedos en una muda súplica a su dios Sigmar, tratando de atraer a la tierra de los mortales algún perdido fragmento del Gran Cometa, el de Dos Colas, mientras su potente voz lograba alzarse por encima del chisporroteo de la magia.

La hechicera hundió el báculo con fuerza en la tierra henchida de sangre, mientras el suelo se abría bramante entre sus piernas, dejando entrever la profundidad de los Abismos y los mismos fuegos rugientes del subsuelo, de los cuales ascendían múltiples e indescriptibles vahídos que traían a la tierra el olor de la muerte y la putrefacción. Un fluido espeso que al sigmarita, desde la distancia, le pareció sangre, brotó de la herida abierta en el suelo.

La figura de la mujer se deshizo en la luz del Fuego Violeta y rapareció a pocos pasos del sacerdote, que había logrado esquivar la boca hambrienta que en aquel momento era el suelo.

La hechicera de la Disformidad se retiró el flamante casco que cubría su rostro, y el cabello alborotado por el viento, de un intenso color azulado, le cayó sobre los hombros como una electrificada cascada de energía disforme.

-Temedme, mortales, pues antes vos se halla Tziissah, la hija predilecta de Tzeentch, la Señora de la Disformidad y quien conforma los vientos del Caos. Vuestros reinos no se interpondrán en el camino de Archaon, el Heredero del Caos Absoluto. Vuestras armas no detendrán nuestro avance y vuestras plegarias no doblegarán nuestra voluntad. Vuestros hijos vivirán con miedo, y vuestras hijas serán entregadas a Slaanesh, el Señor del Placer. ¡Sigmar hincará la rodilla ante Khorne! ¡Habrá sangre para el dios de la sangre!

Un aura dorada rodeó al sigmarita, mientras sostenía entre sus manos el Libro de Plegarias y su voz se alzaba una vez más por encima del rugiene fuego rojizo que rodeaba a la mujer.

Un estallido de luz sobresaltó a la esclava de Tzeentch, que volvió la cabeza.

Un instante le bastó para alzar de nuevo la vara y plantarle cara al sacerdote. El martillo refulgió, un destello violeta quebró la repentina oscuridad. El cielo se tragó la Luna.

La hechicera sonrió de placer al ver que el alma del sacerdote era arrancada con brutalidad del cuerpo de éste, pasando así a formar parte de su colección.

El portal de la Disformidad vomitó llamas verdiazuladas, el Dios Cuervo rugió desde más allá del tiempo y el espacio y sus alas se abrieron y un graznido estridente llegó a oídos de todos sus acólitos.

Después, cayó el fragmento del Cometa Sagrado.



Lady Nerón

sábado 13 de diciembre de 2008

Derian


Un hombre caminaba solo por las afueras de la ciudad. Habiendo sorteado a los guardias de las afueras para evitar conflictos, pudo continuar por el camino marcado. Eran horas peligrosas, pues la noche estaba en alza, pero no tenía mejor opción para conseguir esa especie de musgo que al igual que droga actuaba. Había quedado con el “comerciante” en el desvío del camino que salía de la ciudad. En todo Dánassos, ciudad capital, no había nadie que vendiese un musgo mejor, se decía que lo mejoraba mediante conjuros para aumentar la cantidad de clientes, ¡y vaya si lo conseguía!

Una pena fue para el pobre hombre que su querido proveedor no se encontraba allí. Esperó un poco y pronto apareció una figura, pero no era la persona que estaba esperando. Era un hombre no demasiado grande, vestido con ropas oscuras y un poco desgarradas: parecido a un simple ladrón pero intimidaba más. Tenía una capucha pero no iba cubierto con ello, su rostro por sí solo ya daba la impresión de llenarse de oscuridad hasta el punto de no llegar a distinguírsele bien a pesar de que el comprador portaba una antorcha.

- Vaya, -se adelantó el hombre que había llegado primero- supongo que te ha enviado Seíes. ¿Tienes el musgo?

- Ignoran los ratones el peligro de la noche –dijo el segundo sin haber escuchado nada de lo que el otro le decía- y el búho, su natural depredador, agradece este regalo…

- ¿Cómo dices?

- Es vicio y diversión para el búho, casi resulta erótico ulular para que la víctima eche a correr sin tener otra cosa que ilusión por escapar, pero no posibilidad…

- Déjate de cuentos, ¿tienes el musgo o no?

- No debiste salir a buscar nada ratoncito. Ahora duerme, duerme entre mis garras, que es Ella quien me envía…

- ¡Mierda! ¡La Hermandad Oscura! ¡Te pagaré el doble! ¡Por favor no me mat…-un brillo iluminó los ojos del atacante y un rugido ensordeció las súplicas de la víctima-!

Al día siguiente se encontró un cuerpo con marcas de dientes y garras, la cara desfigurada y las extremidades esparcidas junto con un montón de sangre ya seca bañando el camino. En concreto el tronco del hombre estaba atravesado por un poste cuya señal, en la que estaba escrito “Dánassos”, se había caído.

Derian había tenido una misión excesivamente simple, por ello se ensañó con el cadáver de aquel hombre. Él era un hombre lobo, uno de los actuales líderes de la Hermandad Oscura y aunque por ello no era plenamente necesario que participase ya en las misiones, seguía haciéndolo. La Hermandad Oscura era una asociación secreta de la que se negaba su existencia en la capital a pesar de que los rumores y el miedo estaban entre la gente. Generalmente, salvo casos concretos de venganza o, en el caso de Derian, por diversión, los asesinatos que cumplían eran por dinero. El dinero tenía el peculiar poder de comprar vidas.

Derian todavía podía recordar todo. La primera vez que se manifestó en él la licantropía fue esa noche de luna llena con apenas quince o dieciséis años. Despertó por la mañana descubriendo dos cuerpos sin vida y sangre por todos lados hasta entender que él mismo había matado a sus padres. Huyó de casa y vivió un tiempo en las calles escapando de la ley, incansable verdugo que se lanzaba en su búsqueda. Encontró ayuda en la Hermandad Oscura, donde le prometieron protección, trabajo, dinero y poder. Además le enseñaron cómo podía transformarse en lobo cuando quisiera. Resultaba absurdo pensar que la única posibilidad que tenía era cuando la luna se encontraba llena. De hecho, sí que influía, un hombre lobo pierde el control de si mismo y la bestia le posee cuando la luna se presenta perfecta, pero eso no implica que no pueda transformarse otras veces. La vez que mató a sus padres sólo fue la primera vez que de verdad se manifestó en él ese poder descontrolado.

Tras entrar en la Hermandad empezó con simples misiones barriobajeras y con el tiempo haber llegado a cumplir las misiones más suicidas sin ser visto ni herido. Aunque ya tenía algunas décadas de existencia, su físico se conservaba como el de un hombre de veintidós años. Como hombre lobo no envejecía y además se hacía más poderoso con el tiempo.

Actualmente se encontraba en una de las guaridas de la Hermandad. Concretamente posicionada en el sótano de una casucha abandonada. Claro que era un amplio sótano con numerosas habitaciones donde se alojaban unos doce asesinos de distintos rangos, siendo Derian el de mayor graduación. Un esqueleto animado hacía guardia paseando por las habitaciones. Derian se metió en su cuarto personal y se tumbó un rato, pero poco le duró el descanso porque la puerta sonó. Fue a abrir y se encontró con un draconiano con una carta.


- Misssión urgente ssseñor…



The Blind

viernes 12 de diciembre de 2008

El Gremio de Escritores

He creado este blog pretendiendo hacer lo que su propio nombre propone.
Mi idea es que todos podamos escribir dentro de unas vías comunes.

1º Nombraré como autores a personas de confianza. Si alguien que no sea autor quiere publicar algo tendrá que hablar con uno de nosotros y se le publicará lo que nos envíe bajo un pseudónimo.

2º No es necesario tener experiencia con la escritura para publicar aquí.

3º Las historias se desarrollaran en un mundo concreto. Para que luego no se líe la situación, se abrirá un mundo distinto tras cerrar otro. Es posible que si este proyecto prospera más adelante haya situaciones más complejas, concretas y distintas. En ese mundo podréis escribir de lo que queráis: una simple descripción, una historia de un personaje o más, una ciudad, religión, cultura... Las historias no tienen por qué tener relación pero si se quiere que un personaje propio se encuentre con el de otra persona, debe de acordarse primero y tener el visto bueno por parte del otro/a escritor o escribir la historia entre los dos. Sean cuales sean las cosas de las que se escriban, se deberán respetar las normas básicas del mundo o lo preestablecido.

El primer mundo lo propondré yo y para facilitar la participación tendrá un tema muy abierto.

Primer Mundo: Está basado en una época fantástica medieval. Cualquier ser que uno quiera crear puede existir, la magia está presente en todo lo que se quiera, se cuenta con dioses y hay libertad para, como ya he dicho, crear ciudades y pueblos, religiones, culturas y lo que se pueda desarrollar.

Os animo a participar, incluso a aquellos que no escribáis normalmente. La colaboración es el medio para que este proyecto marche viento a favor.

Un saludo a todos:

The Blind