Mostrando entradas con la etiqueta sangre. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sangre. Mostrar todas las entradas

jueves, 15 de enero de 2009

Bajo la luna llena


-Hijo, ¿se puede saber adónde me llevas?- preguntó por enésima vez.
Me volví de nuevo procurando ser paciente.
-Ya lo verás. Es una sorpresa- sonreí.
Clavé mi mirada en la suya. Sabía que mis ojos bicolores le intimidaban. No volvió a preguntar y se limitó a seguirme.
Desde luego si le contaba el porqué de nuestra incursión en el bosque tal vez diese media vuelta. Pero como había dicho, es una sorpresa.
La nieve crujía bajo nuestras pisadas. Los árboles comenzaban a estar muy juntos. Eso significaba que no quedaba mucho para llegar al corazón del bosque. Una brisa helada penetraba en mis pulmones y el olor a humedad impregnaba el ambiente.
-“Ya casi estamos”- dije para mis adentros.
Continuamos avanzando. Mi padre me seguía con dificultad. Varias veces me detuve a esperarle. Bajaba la temperatura, a pesar de que las copas de los árboles actuaban como manta.
Volví a detenerme. Olisqueé el aire. Pude olerlos. Sonreí.
-Prepárate, padre. Nunca has visto nada igual.
Esperé pacientemente a que se zafara de las zarzas que ahora le atrapaban y cogí su mano. Estaba fría como el hielo, al contrario que las mías.
Aparté los últimos matorrales y llegamos a una llanura blanca con forma circular cubierta por la nieve. Los árboles se abrían respetando el círculo como una enorme cúpula y dejaban pasar los rayos de la luna llena. Realmente este lugar debía ser el centro del bosque. Pero lo más impresionante se hallaba en el centro de la explanada, donde cinco lobos descansaban unos junto a los otros. En cuanto llegamos levantaron la cabeza y nos miraron.
Mi padre se puso por un momento tenso. Se acuclilló con lentitud sin hacer ningún movimiento brusco.
-“Como si eso fuese a detenernos”- me reí para mis adentros.
Caminé despacio alejándome de mi padre. Cuando llegué junto a los lobos uno de ellos acarició su hocico contra el mío como saludo. Me volví y busqué los ojos de mi padre. Éste había caído rendido de rodillas.

Caí rendido de rodillas. Una lágrima resbaló por mi mejilla. Por mucho que me doliera, admiré la belleza de mi hijo. Su tamaño superaba al de los otros cinco. Su pelaje era negro como la muerte, que contrastaba con los colmillos blancos y afilados que ahora se cernían amenazadores hacia mí. Lo único que no había cambiado en él eran sus ojos. Esos ojos a los que nunca me acostumbré.
-Supongo que ahora no tiene sentido disculparme por todo lo que te hecho sufrir- susurré entre lágrimas.
Las fauces de la criatura se cerraron sobre mi garganta a modo de respuesta.


The Reaper

viernes, 9 de enero de 2009

Derian III


"... y en respuesta a Áridan, la diosa Sherede buscó una solución a su medida. Una mortal correría la misma suerte que el mortal enviado por Áridan pero con las características naturales del murciélago. Llegado el día señalado, ella se rebelaría y, tomando un camino distinto, daría muerte a su oponente impidiendo que Áridan y él se hicieran uno."

Nashde, sacerdotisa de la luna.


Una sombra se cernía sobre un hombre asustado. El hombre, que ocultaba algo bajo su capa, corría con miedo por los callejones vacíos tratando de evitar algo que no sabía siguiera si allí se encontraba. ¿Le estarían siguiendo? No quería ni saberlo, solo de pensar en ese temible licántropo se le helaba la sangre… Tropezó y un pequeño paquete se le escurrió de entre las manos. Se apresuró a recogerlo y miró hacia atrás para verificar que nada le acechaba. Horrorizado, salió corriendo aun más rápido. No estaba seguro de si había visto algo pero en tal caso era mejor no quedarse esperando a que viniera a por él.

El hombre se detuvo y vio en el edificio que había ante sí, una figura oscura acuclillada sobre el tejado. Pronto se movió a toda velocidad y el hombre le perdió de vista.

- ¡¿Quién eres?! –dijo mirando a su alrededor con el pánico circulando brutalmente por sus venas bombeado por ese rítmicamente acelerado corazón.

- No son más que burdas palabras las que tú emites –dijo una cruel voz femenina-.

- ¡Sal de las sombras, asesina! –gritó el hombre llevando disimuladamente su mano derecha a la empuñadura de una daga.

- Bastardo. Has elegido el camino erróneo y, para tu desgracia, te haré ver cual es el camino que debiste escoger. Te arrepentirás de no haber cohibido tus intereses…

- ¡¡Sal de las sombras!!

- Nunca debiste traicionarla a Ella…

La sombra atacó de golpe y, un mordisco más tarde, el hombre estaba inmovilizado y perdiendo su sangre gota a gota a través de unos afilados colmillos. Cayeron tanto la daga como el paquete que portaba y cuando Phrinne le soltó, le miró a los ojos. El hombre, medio muerto, hizo una petición:

- Por favor… hazme como tú… hazme… inmortal…

- Lo serás, si es que acaso conservas tu alma, pues tu cuerpo será festín de los gusanos.

Y dicho esto, clavó un puñal en su nuez y lo tiró al suelo dejando que, por unos momentos, agonizase ahogándose en su propia sangre. La poca que le había dejado…

Es entonces cuando se acercó otra persona dando unas perezosas palmadas.

- Bien, bien, bien… -dijo Derian sonriendo y yendo a recoger el paquete- Parece que te interesa de verdad. No has dudado en acabar con su vida. Incluso has hablado con tu víctima como te recomendé.

- Tenías razón en que se disfruta más robando la vida a alguien si tienes la posibilidad de contarle algo bonito. De todas formas no hace falta que actúes como un instructor, ya soy conocedora de la doctrina.

- Sí, casi me siento conmovido por ello –dijo Derian en aire burlón simulando secarse las lágrimas con los nudillos-.

- Ahórrate las lágrimas. Las necesitarás para nuestro próximo combate.

Con un rugido, Derian se abalanzó sobre Phrinne transformándose levemente en lobo por la furia y, cogiéndola del cuello y estampándola contra una pared, le dijo:

- ¡No oses volver a hablarme así!

- Tranquilo lobito -dijo ella soltándose con calma, los colmillos y pelaje que le habían empezado a salir por un momento a él, empezaron a desaparecer-. Si eres tan fuerte no tienes nada que temer –y con esto dio un simple beso a sus labios, logrando que Derian se atontase por un momento-. Y tampoco parece que quieras hacerme ningún daño, todo son palabras.

- Esto me pasa por juntarme con gente de mi calaña –dijo Derian habiéndose dado cuenta del momento de flaqueza que había mostrado por un momento. ¿Qué tenía ese… ese bicho?-.

Caminaron juntos por un rato en silencio. Como de costumbre, las calles estaban henchidas de oscuridad a excepción de algunas antorchas a las puertas de alguna posada. Como de costumbre, poca gente se encontraba a esas horas deambulando por esas zonas: apenas algún mendigo durmiendo y gente de aspecto refutable.

- ¿Quién era ese vehemente? –preguntó Phrinne por curiosidad.

- ¿Ese? Uno de los asesinos de rango más bajo dentro de la Hermandad. Lo cierto es que no me caía bien, así que su traición me ha servido para librarme de él.

- ¿Qué había hecho?

- En esencia, dos cosas: pretendía vender información sobre nosotros y, por otra parte –dijo mientras desenvolvía el paquete y sacaba su contenido: una piedra negra completamente pulida y brillante-, había robado esta piedra. Con ella Akt-Mah, un nigromante muy poderoso y miembro de la élite de la Hermandad, podía mantener algunos conjuros como los guardianes esqueleto de las guaridas en constante funcionamiento. Es una forma de que, aunque se relaje, se mantengan. También es gracias a él que mis ropas no se destrozan cuando me convierto en lobo, es como si se transformasen conmigo. Como comprenderás la piedra era muy importante, sobre todo por lo último. Raro objeto donde los haya.

- Entiendo.

Tras otro momento de silencio, fue Derian quien habló:

- ¿Quién fue la persona con la que acabaste el otro día? Vamos, ese asesinato que nos ha hecho querer contactar contigo.

- ¿Ese? –dijo Phrinne sonriendo por el cambio de personas en el interrogatorio- No era más que escoria, se merecía lo que obtuvo.

- Pero aun no me has concretado quién es.

- Él... –dijo Phrinne tornando su rostro tristeza para de seguido convertirlo en odio- ¡Él no era más que el perro que asesinó a mi madre! ¡Era mi padre!

- ¿Hace cuanto de eso?

- Varios años, siendo yo una niña. Desde entonces escapé de él para planear una perfecta venganza, entrenando día y noche para desarrollas mis habilidades. Lo encontraron en el tejado de la iglesia de este barrio con todos sus órganos esparcidos y la sangre reciente. Le arranqué el corazón manteniéndole el tiempo suficiente con vida como para introducírselo en la boca rompiéndole la mandíbula.

- Oh, yo maté a mis padres sin quererlo pero me alegré pasado poco tiempo. Habrían sido una carga para mi talento… ¿Cómo te convertiste en lo que eres?

- No lo recuerdo pero sirvió para mejorarme en todo. Fue como un regalo. Un día me desperté con el sabor a hierro de la sangre en mi boca y con dos marcas en el cuello –dijo mientras se dejaba ver dos puntos en el cuello-. Entonces fui descubriendo a la nueva yo. ¿Y tú?

- A lo más que alcanzo a recordar es una pelea con un perro, supongo que sería un lobo, pero no tengo ningún tipo de marca, cicatriz o similar. De todas formas, ¿los vampiros eligen a hermosas jóvenes carismáticas para hacerlas sus semejantes y después huir como un mancebo vergonzoso que no se atreve a decir una palabra a la fémina que nubla su mente?

Phrinne se le encaró y de nuevo volvió a besarle, pero esta vez apasionadamente, dejando sus lenguas fundirse en fuego y aprovechando de mientras para colocar la punta de su puñal a la altura del estómago de Derian. Se separó de sus labios unos pocos centímetros de forma que lo único que podía ver era su rostro, estando esta vez más descentrado de lo que su condición de asesino permitía.

- Pobre mancebo vergonzoso, –dijo Phrinne dejando, como de costumbre, ver sus colmillos- ¿nubla tu mente la joven hermosa y carismática? Nuestra próxima pelea será pan comido para mí.

- Creo que es la joven hermosa y carismática la que tiene la mente nublada –dijo Derian sonriendo aún más que ella-. Ni siquiera se ha dado cuenta que su puñal está desviado por uno mío y que tiene otro casi acariciando su suave cuello. Venga, vayámonos ya a la guarida.

Phrinne se quedó quieta y sorprendida por un momento mientras Derian empezó a andar pero se tomó de buena gana su derrota en lo que a presumir concernía antes de su pelea.

- Por cierto –dijo Derian parando y volviendo la vista atrás-, es delicioso el sabor de la sangre en tu boca…




The Blind

sábado, 13 de diciembre de 2008

Derian


Un hombre caminaba solo por las afueras de la ciudad. Habiendo sorteado a los guardias de las afueras para evitar conflictos, pudo continuar por el camino marcado. Eran horas peligrosas, pues la noche estaba en alza, pero no tenía mejor opción para conseguir esa especie de musgo que al igual que droga actuaba. Había quedado con el “comerciante” en el desvío del camino que salía de la ciudad. En todo Dánassos, ciudad capital, no había nadie que vendiese un musgo mejor, se decía que lo mejoraba mediante conjuros para aumentar la cantidad de clientes, ¡y vaya si lo conseguía!

Una pena fue para el pobre hombre que su querido proveedor no se encontraba allí. Esperó un poco y pronto apareció una figura, pero no era la persona que estaba esperando. Era un hombre no demasiado grande, vestido con ropas oscuras y un poco desgarradas: parecido a un simple ladrón pero intimidaba más. Tenía una capucha pero no iba cubierto con ello, su rostro por sí solo ya daba la impresión de llenarse de oscuridad hasta el punto de no llegar a distinguírsele bien a pesar de que el comprador portaba una antorcha.

- Vaya, -se adelantó el hombre que había llegado primero- supongo que te ha enviado Seíes. ¿Tienes el musgo?

- Ignoran los ratones el peligro de la noche –dijo el segundo sin haber escuchado nada de lo que el otro le decía- y el búho, su natural depredador, agradece este regalo…

- ¿Cómo dices?

- Es vicio y diversión para el búho, casi resulta erótico ulular para que la víctima eche a correr sin tener otra cosa que ilusión por escapar, pero no posibilidad…

- Déjate de cuentos, ¿tienes el musgo o no?

- No debiste salir a buscar nada ratoncito. Ahora duerme, duerme entre mis garras, que es Ella quien me envía…

- ¡Mierda! ¡La Hermandad Oscura! ¡Te pagaré el doble! ¡Por favor no me mat…-un brillo iluminó los ojos del atacante y un rugido ensordeció las súplicas de la víctima-!

Al día siguiente se encontró un cuerpo con marcas de dientes y garras, la cara desfigurada y las extremidades esparcidas junto con un montón de sangre ya seca bañando el camino. En concreto el tronco del hombre estaba atravesado por un poste cuya señal, en la que estaba escrito “Dánassos”, se había caído.

Derian había tenido una misión excesivamente simple, por ello se ensañó con el cadáver de aquel hombre. Él era un hombre lobo, uno de los actuales líderes de la Hermandad Oscura y aunque por ello no era plenamente necesario que participase ya en las misiones, seguía haciéndolo. La Hermandad Oscura era una asociación secreta de la que se negaba su existencia en la capital a pesar de que los rumores y el miedo estaban entre la gente. Generalmente, salvo casos concretos de venganza o, en el caso de Derian, por diversión, los asesinatos que cumplían eran por dinero. El dinero tenía el peculiar poder de comprar vidas.

Derian todavía podía recordar todo. La primera vez que se manifestó en él la licantropía fue esa noche de luna llena con apenas quince o dieciséis años. Despertó por la mañana descubriendo dos cuerpos sin vida y sangre por todos lados hasta entender que él mismo había matado a sus padres. Huyó de casa y vivió un tiempo en las calles escapando de la ley, incansable verdugo que se lanzaba en su búsqueda. Encontró ayuda en la Hermandad Oscura, donde le prometieron protección, trabajo, dinero y poder. Además le enseñaron cómo podía transformarse en lobo cuando quisiera. Resultaba absurdo pensar que la única posibilidad que tenía era cuando la luna se encontraba llena. De hecho, sí que influía, un hombre lobo pierde el control de si mismo y la bestia le posee cuando la luna se presenta perfecta, pero eso no implica que no pueda transformarse otras veces. La vez que mató a sus padres sólo fue la primera vez que de verdad se manifestó en él ese poder descontrolado.

Tras entrar en la Hermandad empezó con simples misiones barriobajeras y con el tiempo haber llegado a cumplir las misiones más suicidas sin ser visto ni herido. Aunque ya tenía algunas décadas de existencia, su físico se conservaba como el de un hombre de veintidós años. Como hombre lobo no envejecía y además se hacía más poderoso con el tiempo.

Actualmente se encontraba en una de las guaridas de la Hermandad. Concretamente posicionada en el sótano de una casucha abandonada. Claro que era un amplio sótano con numerosas habitaciones donde se alojaban unos doce asesinos de distintos rangos, siendo Derian el de mayor graduación. Un esqueleto animado hacía guardia paseando por las habitaciones. Derian se metió en su cuarto personal y se tumbó un rato, pero poco le duró el descanso porque la puerta sonó. Fue a abrir y se encontró con un draconiano con una carta.


- Misssión urgente ssseñor…



The Blind