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viernes, 9 de enero de 2009

Derian III


"... y en respuesta a Áridan, la diosa Sherede buscó una solución a su medida. Una mortal correría la misma suerte que el mortal enviado por Áridan pero con las características naturales del murciélago. Llegado el día señalado, ella se rebelaría y, tomando un camino distinto, daría muerte a su oponente impidiendo que Áridan y él se hicieran uno."

Nashde, sacerdotisa de la luna.


Una sombra se cernía sobre un hombre asustado. El hombre, que ocultaba algo bajo su capa, corría con miedo por los callejones vacíos tratando de evitar algo que no sabía siguiera si allí se encontraba. ¿Le estarían siguiendo? No quería ni saberlo, solo de pensar en ese temible licántropo se le helaba la sangre… Tropezó y un pequeño paquete se le escurrió de entre las manos. Se apresuró a recogerlo y miró hacia atrás para verificar que nada le acechaba. Horrorizado, salió corriendo aun más rápido. No estaba seguro de si había visto algo pero en tal caso era mejor no quedarse esperando a que viniera a por él.

El hombre se detuvo y vio en el edificio que había ante sí, una figura oscura acuclillada sobre el tejado. Pronto se movió a toda velocidad y el hombre le perdió de vista.

- ¡¿Quién eres?! –dijo mirando a su alrededor con el pánico circulando brutalmente por sus venas bombeado por ese rítmicamente acelerado corazón.

- No son más que burdas palabras las que tú emites –dijo una cruel voz femenina-.

- ¡Sal de las sombras, asesina! –gritó el hombre llevando disimuladamente su mano derecha a la empuñadura de una daga.

- Bastardo. Has elegido el camino erróneo y, para tu desgracia, te haré ver cual es el camino que debiste escoger. Te arrepentirás de no haber cohibido tus intereses…

- ¡¡Sal de las sombras!!

- Nunca debiste traicionarla a Ella…

La sombra atacó de golpe y, un mordisco más tarde, el hombre estaba inmovilizado y perdiendo su sangre gota a gota a través de unos afilados colmillos. Cayeron tanto la daga como el paquete que portaba y cuando Phrinne le soltó, le miró a los ojos. El hombre, medio muerto, hizo una petición:

- Por favor… hazme como tú… hazme… inmortal…

- Lo serás, si es que acaso conservas tu alma, pues tu cuerpo será festín de los gusanos.

Y dicho esto, clavó un puñal en su nuez y lo tiró al suelo dejando que, por unos momentos, agonizase ahogándose en su propia sangre. La poca que le había dejado…

Es entonces cuando se acercó otra persona dando unas perezosas palmadas.

- Bien, bien, bien… -dijo Derian sonriendo y yendo a recoger el paquete- Parece que te interesa de verdad. No has dudado en acabar con su vida. Incluso has hablado con tu víctima como te recomendé.

- Tenías razón en que se disfruta más robando la vida a alguien si tienes la posibilidad de contarle algo bonito. De todas formas no hace falta que actúes como un instructor, ya soy conocedora de la doctrina.

- Sí, casi me siento conmovido por ello –dijo Derian en aire burlón simulando secarse las lágrimas con los nudillos-.

- Ahórrate las lágrimas. Las necesitarás para nuestro próximo combate.

Con un rugido, Derian se abalanzó sobre Phrinne transformándose levemente en lobo por la furia y, cogiéndola del cuello y estampándola contra una pared, le dijo:

- ¡No oses volver a hablarme así!

- Tranquilo lobito -dijo ella soltándose con calma, los colmillos y pelaje que le habían empezado a salir por un momento a él, empezaron a desaparecer-. Si eres tan fuerte no tienes nada que temer –y con esto dio un simple beso a sus labios, logrando que Derian se atontase por un momento-. Y tampoco parece que quieras hacerme ningún daño, todo son palabras.

- Esto me pasa por juntarme con gente de mi calaña –dijo Derian habiéndose dado cuenta del momento de flaqueza que había mostrado por un momento. ¿Qué tenía ese… ese bicho?-.

Caminaron juntos por un rato en silencio. Como de costumbre, las calles estaban henchidas de oscuridad a excepción de algunas antorchas a las puertas de alguna posada. Como de costumbre, poca gente se encontraba a esas horas deambulando por esas zonas: apenas algún mendigo durmiendo y gente de aspecto refutable.

- ¿Quién era ese vehemente? –preguntó Phrinne por curiosidad.

- ¿Ese? Uno de los asesinos de rango más bajo dentro de la Hermandad. Lo cierto es que no me caía bien, así que su traición me ha servido para librarme de él.

- ¿Qué había hecho?

- En esencia, dos cosas: pretendía vender información sobre nosotros y, por otra parte –dijo mientras desenvolvía el paquete y sacaba su contenido: una piedra negra completamente pulida y brillante-, había robado esta piedra. Con ella Akt-Mah, un nigromante muy poderoso y miembro de la élite de la Hermandad, podía mantener algunos conjuros como los guardianes esqueleto de las guaridas en constante funcionamiento. Es una forma de que, aunque se relaje, se mantengan. También es gracias a él que mis ropas no se destrozan cuando me convierto en lobo, es como si se transformasen conmigo. Como comprenderás la piedra era muy importante, sobre todo por lo último. Raro objeto donde los haya.

- Entiendo.

Tras otro momento de silencio, fue Derian quien habló:

- ¿Quién fue la persona con la que acabaste el otro día? Vamos, ese asesinato que nos ha hecho querer contactar contigo.

- ¿Ese? –dijo Phrinne sonriendo por el cambio de personas en el interrogatorio- No era más que escoria, se merecía lo que obtuvo.

- Pero aun no me has concretado quién es.

- Él... –dijo Phrinne tornando su rostro tristeza para de seguido convertirlo en odio- ¡Él no era más que el perro que asesinó a mi madre! ¡Era mi padre!

- ¿Hace cuanto de eso?

- Varios años, siendo yo una niña. Desde entonces escapé de él para planear una perfecta venganza, entrenando día y noche para desarrollas mis habilidades. Lo encontraron en el tejado de la iglesia de este barrio con todos sus órganos esparcidos y la sangre reciente. Le arranqué el corazón manteniéndole el tiempo suficiente con vida como para introducírselo en la boca rompiéndole la mandíbula.

- Oh, yo maté a mis padres sin quererlo pero me alegré pasado poco tiempo. Habrían sido una carga para mi talento… ¿Cómo te convertiste en lo que eres?

- No lo recuerdo pero sirvió para mejorarme en todo. Fue como un regalo. Un día me desperté con el sabor a hierro de la sangre en mi boca y con dos marcas en el cuello –dijo mientras se dejaba ver dos puntos en el cuello-. Entonces fui descubriendo a la nueva yo. ¿Y tú?

- A lo más que alcanzo a recordar es una pelea con un perro, supongo que sería un lobo, pero no tengo ningún tipo de marca, cicatriz o similar. De todas formas, ¿los vampiros eligen a hermosas jóvenes carismáticas para hacerlas sus semejantes y después huir como un mancebo vergonzoso que no se atreve a decir una palabra a la fémina que nubla su mente?

Phrinne se le encaró y de nuevo volvió a besarle, pero esta vez apasionadamente, dejando sus lenguas fundirse en fuego y aprovechando de mientras para colocar la punta de su puñal a la altura del estómago de Derian. Se separó de sus labios unos pocos centímetros de forma que lo único que podía ver era su rostro, estando esta vez más descentrado de lo que su condición de asesino permitía.

- Pobre mancebo vergonzoso, –dijo Phrinne dejando, como de costumbre, ver sus colmillos- ¿nubla tu mente la joven hermosa y carismática? Nuestra próxima pelea será pan comido para mí.

- Creo que es la joven hermosa y carismática la que tiene la mente nublada –dijo Derian sonriendo aún más que ella-. Ni siquiera se ha dado cuenta que su puñal está desviado por uno mío y que tiene otro casi acariciando su suave cuello. Venga, vayámonos ya a la guarida.

Phrinne se quedó quieta y sorprendida por un momento mientras Derian empezó a andar pero se tomó de buena gana su derrota en lo que a presumir concernía antes de su pelea.

- Por cierto –dijo Derian parando y volviendo la vista atrás-, es delicioso el sabor de la sangre en tu boca…




The Blind

domingo, 21 de diciembre de 2008

Derian II

“... y tras ser encerrado por los demás dioses para proteger de él a los humanos, Áridan juró vengarse. Maldijo a todos los que le traicionaron y prometió que, a nivel mortal, un hombre con el poder natural del lobo salvaje nacería y llevaría a cabo su venganza habiéndose llevado antes numerosas vidas. Él moriría para liberarse de su cuerpo, su carga, y se fusionaría con Áridan, dios del caos, para traer el mal a sus enemigos.”

Idánidas, profeta de los tiempos.

- Habla –dijo Derian-.

- Nosss ha llegado un pedido importante –dijo el draconiano un poco amedrentado por la mirada de su superior-. Matar al embajador que llegará dentro de tres días desde la ciudad de Askfirth. Razones políticas.

- Lo que no veo es la urgencia –dijo Derian un poco molesto-. ¡Dentro de tres días! Ya me estaba emocionando pensando que ahora mismo tendría que ir hasta los aposentos del rey y hacer un dibujo con las tripas de su mujer.

- Lo… lo sssiento… -dijo con miedo el draconiano- Yo no…

- No importa. Puedes retirarte.

Mientras el draconiano marchaba, Derian volvió a tumbarse. Debía de ser aún por la mañana pero él siempre dormía de día y acechaba a las noches. La próxima le tocaba una noche de iniciación. Se hablaba de una joven que había matado a alguien y Derian tenía que hablar con ella para ver si quería unirse a su peculiar asociación…

Anocheció y Derian se levantó. Se puso sus ropas y ocultó en ellas algunos cuchillos. Pasó por el dormitorio donde dormían el resto de los asesinos de rango inferior de esa guarida simplemente por la rutina de ver que todo iba bien. Luego comió algo del almacén pero no mucha cosa, apenas una manzana y algo de pan. Siempre dejaba sitio en el estómago por si caía algo de carne y, por supuesto, solía caer. Finalmente pasó por la sala común y aclaró las circunstancias de una misión a un par de soldados para luego dejarla en manos de Ífenid, el segundo asesino de mayor rango de allí. Era un hombre con experiencia y muy bueno en su trabajo. Un claro candidato a ser uno de los grandes líderes de la Hermandad Oscura.

Entre las sombras de la noche, Derian caminó por los barrios bajos. Llegada a una zona concreta, entró por un callejón que daba a un pequeño patio donde había una entrada a las alcantarillas, allí dentro se metían algunos mendigos a dormir. A su vez, en una esquina había una manta cubriendo a una persona. Él se acercó suponiendo que era la persona que buscaba. Justo antes de tocarle, la persona hizo un rápido movimiento que pilló a Derian desprevenido y en un momento se encontró con alguien a su espalda y un cuchillo acariciando su nuez.

- Buenas noches, pequeño caza-recompensas –dijo una voz femenina en tono dulce en su oído-. Parece que te has metido en la boca del lobo…

Esta comparación hizo gracia a Derian, quien, a pesar de su situación, se rió a carcajada limpia y le dijo:

- No tienes ni idea de lo que estás haciendo.

- Vaya, no me digas… ¿Acaso te encuentras en una posición de ventaja?

Derian logró apartar el cuchillo de su cuello, arrebatárselo, inmovilizarla boca abajo y hacer que el cuello que acariciase el metal, fuese de la mujer. Ella intentó revolverse sin lograr nada y Derian pudo ver tanto sus pronunciados colmillos como sus rojizos ojos, que le recordaban a los suyos propios.

- No me habían dicho que la próxima iniciada era una vampiresa. Y tampoco me esperaba que estuvieras tan bien preparada, a pesar de que dicen que tu asesinato fue toda una obra de arte.

- ¿Quién eres?

- Alguien que viene a ofrecerte un digno trabajo –dijo Derian mientras soltaba a la vampiresa-, cosa que nadie va a ofrecerte en esta ciudad tras tu crimen. Soy uno de los líderes de la Hermandad Oscura, Derian.

- ¿La Hermandad Oscura? –dijo ella un poco confusa. Derian vio como sus ojos cambiaban de color y se volvían una mezcla de verde… o azul… no sabía bien distinguir el color- Siempre pensé que no era más que un mito.

- El caso es que tu acción ha despertado nuestro interés. ¿Te gustaría seguir matando? Lógicamente tendrías un sueldo.

La vampiresa paró un segundo para pensarlo pero, al igual que Derian, no desvió la mirada. Se había dado cuenta de que había provocado en Derian un interés algo más allá del que marcaba su currículo. Dejó escapar una pícara sonrisa que mostró de nuevo sus colmillos y dijo:

- Me llamo Phrinne, cuenta conmigo.



The Blind