
Tereyán fue llevado junto con Kerklas y el séquito de este hasta un inmenso jardín.
Todas las plantas del mundo estaban allí, algunas incluso que ni Tereyán conocía.
En medio de un lago que abarcaba las plantas marinas había un pabellón de piedra donde descansaban otros 4 moradores en meditación.
Kerklas se sentó en uno de los bancos de piedra que había en él e invitó a Tereyán a tomar asiento.
Una vez sentados los demás moradores dejaron de meditar y abrieron los ojos, sus ojos blancos con pupilas azabaches.
-Demos la bienvenida a Kerlas a Olkfield.
Acto seguido, los moradores pronunciaron unas palabras en voz baja y luego miraron a Tereyán.
-Supongo que ya me habréis reconocido-Dijo una moradora. Tenía el pelo amarillo chillón y llevaba un vestido parecido al de Kerklas, pero con el símbolo del sol como motivo de los adornos de su vestimenta.
-Claro que si, sagrada Sarkina, diosa del sol.
-¿Así que habeís superado la última prueba?-dijo un morador. Tenía el pelo negro. Su vestimenta también era blanca, pero esta era una armadura muy elegante con armas dibujadas en todas partes. También portaba una espada y un martillo.
-Si su divino Karkes-Dijo Tereyán descubriendo lo fácil que resultaba hacerles creer que era un morador
-¿Entonces dudasteis en matar a aquel niño?-Dijo Karkes con aire militar.
-Vamos hermano, no presiones a nuestro huésped-Dijo una moradora. Tenía el pelo de color marrón claro y su vestimenta estaba formada por un extraño material que parecía lana. Debía de ser Jeka, diosa de la inteligencia.
-Sabemos que es una prueba que ha hecho enloquecer hasta al más valiente morador-Dijo él último morador que allí se hallaba. Tenía un traje multicolor, al igual que su pelo. Portaba un gran pergamino y tenía una pluma en su mano derecha. Era Heskerl, dios del arte.-Muchos se quedaron allí salivando sobre si merecía la pena superarla.
-Lo sé-Dijo Tereyán arriesgándose- Allí estaban devanados en sus pensamientos, pero yo no dudé, sabia que había que hacerlo.
-Es un precio duro, rechazar a tu capacidad sobre lo que esta bien y mal para ser un dios.Tereyán se asustó. Esos seres mandaban sobre una especie y no distinguían el bien del mal. ¿Qué raza era aquella?
Todas las plantas del mundo estaban allí, algunas incluso que ni Tereyán conocía.
En medio de un lago que abarcaba las plantas marinas había un pabellón de piedra donde descansaban otros 4 moradores en meditación.
Kerklas se sentó en uno de los bancos de piedra que había en él e invitó a Tereyán a tomar asiento.
Una vez sentados los demás moradores dejaron de meditar y abrieron los ojos, sus ojos blancos con pupilas azabaches.
-Demos la bienvenida a Kerlas a Olkfield.
Acto seguido, los moradores pronunciaron unas palabras en voz baja y luego miraron a Tereyán.
-Supongo que ya me habréis reconocido-Dijo una moradora. Tenía el pelo amarillo chillón y llevaba un vestido parecido al de Kerklas, pero con el símbolo del sol como motivo de los adornos de su vestimenta.
-Claro que si, sagrada Sarkina, diosa del sol.
-¿Así que habeís superado la última prueba?-dijo un morador. Tenía el pelo negro. Su vestimenta también era blanca, pero esta era una armadura muy elegante con armas dibujadas en todas partes. También portaba una espada y un martillo.
-Si su divino Karkes-Dijo Tereyán descubriendo lo fácil que resultaba hacerles creer que era un morador
-¿Entonces dudasteis en matar a aquel niño?-Dijo Karkes con aire militar.
-Vamos hermano, no presiones a nuestro huésped-Dijo una moradora. Tenía el pelo de color marrón claro y su vestimenta estaba formada por un extraño material que parecía lana. Debía de ser Jeka, diosa de la inteligencia.
-Sabemos que es una prueba que ha hecho enloquecer hasta al más valiente morador-Dijo él último morador que allí se hallaba. Tenía un traje multicolor, al igual que su pelo. Portaba un gran pergamino y tenía una pluma en su mano derecha. Era Heskerl, dios del arte.-Muchos se quedaron allí salivando sobre si merecía la pena superarla.
-Lo sé-Dijo Tereyán arriesgándose- Allí estaban devanados en sus pensamientos, pero yo no dudé, sabia que había que hacerlo.
-Es un precio duro, rechazar a tu capacidad sobre lo que esta bien y mal para ser un dios.Tereyán se asustó. Esos seres mandaban sobre una especie y no distinguían el bien del mal. ¿Qué raza era aquella?
continue...
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