
Tereyán contempló la gran puerta.
En ella estaban tallados con gran detalle miles de figuras mitológicas de los moradores, todas con un aire macabro.
Abrió el portón, que a pesar de pesar mucho, Tereyán pudo abrirlo sin dificultad gracias a su nueva fuerza adquirida.
Atravesó el umbral y se topó de lleno con una calle. Los edificios no rondarían los dos metros y medio de altura y estaban construidos con yeso blanco.
La calle estaba asfaltada con el mismo material y las puertas y ventanas de los edificios eran de madera pintada de blanco.
En la calle había algunos moradores vestidos con sencillos atuendos blancos, hilando lana en ruecas, tallando madera o soplando vidrio.
No conversaban entre si, ni se miraban, únicamente trabajaban.
Cuando repararon en la imponente presencia de Tereyán, dejaron su trabajo y se arrodillaron, muy sorprendidos. El vidrio se cayó al suelo cuando los moradores se arrodillaban rápidamente, sin importarles perder su trabajo.
Todos quedaron en silencio y Tereyán paso de largo, mirando extrañado a los moradores, imponentes monstruos como ellos, que podían quitarle el hipo a cualquiera, arrodillados.
Siguió la calle encontrando respuestas parecidas hasta llegar a las puertas del edificio del castillo.
Abrió otra vez la puerta y entró en una gran sala de mármol blanco. La sala tenía en su pared frontal unas largas escaleras de mármol blanco pulido y con dos estatuas de moradores en sus lados
De un lado a otro, pasó un morador un poco fofo que iba silbando, ataviado por una túnica. Reparó entonces en la figura de Tereyán y se arrodillo, pero levantando la vista.
-Salve puro morador que ha superado la última prueba.
-Puedes levantarte-Dijo Tereyán con firmeza, intentando pensar como se comportaría un dios.
-Soy el ayudante de los dioses, Aksul. ¿Cómo debo anunciaros a los dioses, su divinidad?
-Olkfield-Dijo sin tener ni idea de si ese nombre de morador serviría.
-Permitidme o gran Olkfield, que avise de vuestra llegada a los dioses.
-No me hagas aguardar
-No, su divinidad.
El individuo se fue rápidamente por las escaleras y en dos minutos, apareció un séquito de moradores vestidos con uniformes blancos y con sables y trompetas en sus manos.
Se pusieron en los peldaños de la escalera y tocaron sus trompetas mientras aparecía un morador por la puerta a la que conducían las escaleras.
Era alto, tenía el pelo blanco, como el resto de su cuerpo y llevaba un traje sobre-ornamentado con una gran media luna dibujada en él.
Llevaba una corona blanca de marfil y su cara, la cara de un dios, miraba a Tereyán.
Los soldados sacaron entonces sus sables e hicieron un arco con ellos alzándolos y fijando la vista en el suelo.
-Salve Kerklas, dios creador de la luna-dijo el morador rechoncho.-Saludos divino Olkfield. Me informan de que has superado la última de las pruebas de Kerlas. Bienvenido seas al paraíso.
En ella estaban tallados con gran detalle miles de figuras mitológicas de los moradores, todas con un aire macabro.
Abrió el portón, que a pesar de pesar mucho, Tereyán pudo abrirlo sin dificultad gracias a su nueva fuerza adquirida.
Atravesó el umbral y se topó de lleno con una calle. Los edificios no rondarían los dos metros y medio de altura y estaban construidos con yeso blanco.
La calle estaba asfaltada con el mismo material y las puertas y ventanas de los edificios eran de madera pintada de blanco.
En la calle había algunos moradores vestidos con sencillos atuendos blancos, hilando lana en ruecas, tallando madera o soplando vidrio.
No conversaban entre si, ni se miraban, únicamente trabajaban.
Cuando repararon en la imponente presencia de Tereyán, dejaron su trabajo y se arrodillaron, muy sorprendidos. El vidrio se cayó al suelo cuando los moradores se arrodillaban rápidamente, sin importarles perder su trabajo.
Todos quedaron en silencio y Tereyán paso de largo, mirando extrañado a los moradores, imponentes monstruos como ellos, que podían quitarle el hipo a cualquiera, arrodillados.
Siguió la calle encontrando respuestas parecidas hasta llegar a las puertas del edificio del castillo.
Abrió otra vez la puerta y entró en una gran sala de mármol blanco. La sala tenía en su pared frontal unas largas escaleras de mármol blanco pulido y con dos estatuas de moradores en sus lados
De un lado a otro, pasó un morador un poco fofo que iba silbando, ataviado por una túnica. Reparó entonces en la figura de Tereyán y se arrodillo, pero levantando la vista.
-Salve puro morador que ha superado la última prueba.
-Puedes levantarte-Dijo Tereyán con firmeza, intentando pensar como se comportaría un dios.
-Soy el ayudante de los dioses, Aksul. ¿Cómo debo anunciaros a los dioses, su divinidad?
-Olkfield-Dijo sin tener ni idea de si ese nombre de morador serviría.
-Permitidme o gran Olkfield, que avise de vuestra llegada a los dioses.
-No me hagas aguardar
-No, su divinidad.
El individuo se fue rápidamente por las escaleras y en dos minutos, apareció un séquito de moradores vestidos con uniformes blancos y con sables y trompetas en sus manos.
Se pusieron en los peldaños de la escalera y tocaron sus trompetas mientras aparecía un morador por la puerta a la que conducían las escaleras.
Era alto, tenía el pelo blanco, como el resto de su cuerpo y llevaba un traje sobre-ornamentado con una gran media luna dibujada en él.
Llevaba una corona blanca de marfil y su cara, la cara de un dios, miraba a Tereyán.
Los soldados sacaron entonces sus sables e hicieron un arco con ellos alzándolos y fijando la vista en el suelo.
-Salve Kerklas, dios creador de la luna-dijo el morador rechoncho.-Saludos divino Olkfield. Me informan de que has superado la última de las pruebas de Kerlas. Bienvenido seas al paraíso.
Aqui teneís otra entrada
ResponderSuprimirPor cierto, gracias por comentar mi entrada Daniel Rico.
No suelo encontrar gente interesada en mis relatos y me gusta saber que le gustan a alguien más.
Si te interesa, pásate por mi blog, "Relatos de otros tiempos", Quizas te guste
mola, Tereyán visitará a todos los dioses? yuju
ResponderSuprimirtengo ganas de que llegue una pelea.
sigue así, yo sigo leyendo
yaw!