
Que paz se respiraba. Todo estaba en silencio y solo se oía el ulular del viento.
Tereyán poco a poco fue pensando ¿Dónde estoy?
Abrió lentamente los ojos y vio por primera vez Kerlas.
En un gran valle, en el que la fertilidad era algo sobreentendido, se deslumbraba un gran castillo de piedra blanca, de kilómetros de altura.
Lo rodeaba un gran bosque como el de Rover, pero este emanaba vida y felicidad.
Pájaros pasaban volando suavemente por encima y Tereyán miró de cara al sol, que brillaba esplendorosamente.
Aquello era el paraíso.
Tras incorporase, Tereyán vio que estaba calado, seguramente por las toneladas de agua que le habían caído encima.
Palpó sus bolsillos, no tenía nada.
Encontró a su lado izquierdo un cuaderno, clavado en el suelo por el cuchillo del buhonero.
Lo desclavó y empezó a leer.
“Ten cuidado, Tereyán. Los moradores te castigarán con creces si te descubren.
En realidad, para llegar a donde estar tú, hay que superar una serie de pruebas que te van llevando a distintas partes de Kerlas. Esta parte es la más alta, solo los dioses, guerreros indomables e ilustres sabios están donde estas tu ahora. Si te descubren, no solo te odiaran por osar entrar en su mundo, sino que además te aborrecerán por haber osado llegar al mundo de los dioses sin mover un pelo.
Nuestros dioses son varios:
Kerklas, dios creador de la luna
Sarkina, diosa creadora del sol
Tereyán poco a poco fue pensando ¿Dónde estoy?
Abrió lentamente los ojos y vio por primera vez Kerlas.
En un gran valle, en el que la fertilidad era algo sobreentendido, se deslumbraba un gran castillo de piedra blanca, de kilómetros de altura.
Lo rodeaba un gran bosque como el de Rover, pero este emanaba vida y felicidad.
Pájaros pasaban volando suavemente por encima y Tereyán miró de cara al sol, que brillaba esplendorosamente.
Aquello era el paraíso.
Tras incorporase, Tereyán vio que estaba calado, seguramente por las toneladas de agua que le habían caído encima.
Palpó sus bolsillos, no tenía nada.
Encontró a su lado izquierdo un cuaderno, clavado en el suelo por el cuchillo del buhonero.
Lo desclavó y empezó a leer.
“Ten cuidado, Tereyán. Los moradores te castigarán con creces si te descubren.
En realidad, para llegar a donde estar tú, hay que superar una serie de pruebas que te van llevando a distintas partes de Kerlas. Esta parte es la más alta, solo los dioses, guerreros indomables e ilustres sabios están donde estas tu ahora. Si te descubren, no solo te odiaran por osar entrar en su mundo, sino que además te aborrecerán por haber osado llegar al mundo de los dioses sin mover un pelo.
Nuestros dioses son varios:
Kerklas, dios creador de la luna
Sarkina, diosa creadora del sol
Jakes, hijo de Kerklas, dios de la fuerza
Jeka, hija de Kerklas, diosa de la inteligencia
Heskerl, hermano de Sarkina, dios del arte.
Intenta no entrar en temas mitológicos, porque son tan rebuscados que no acertarías nada.
Que tengas suerte”
Tereyán decidió entonces empezar la marcha hacia el castillo.
Mientras se adentraba en el hermoso bosque, iba recordando los nombres de los dioses, no muy fáciles. Pasó por senderos estrechos y angostos y más tarde por otros más espaciosos y anchos. Más tarde llegó a una calzada, en perfectas condiciones.
Tras andar un buen rato, descubrió aun joven morador que recolectaba peras de un arbusto.
Este , al verle, se echó al suelo empezó a susurrar.
-Te ofrezco mi alma o morador puro que ha superado la última prueba de Kerlas. Por favor, sé misericordioso con migo y llévate solo mi comida.
-Levántate, no voy a atacarte.
El joven no respondió.
-Soy inofensivo, no voy matando por ahí a placer.
-Todos los que han superado la última prueba de Kerlas son crueles, no es una prueba que puede superar cualquiera.
-Yo he realizado esa prueba pero tengo tanta sangre fría que pude pasarla sin ser cruel-Dijo Tereyán, metiéndose en camisa de once varas.
-O señor, perdone mi ignorancia, yo solo soy un recolector del mundo inferior que a sido agraciado con el privilegio de poder ver la parte alta de Kerlas al recoger fruta para los dioses, han sido generosos.
Tereyán pensó que clase de dioses dictatoriales habían creado tal nivel de servidumbre.
-¿Por qué arrancas las peras con las manos?
-No tengo derecho a un cuchillo, no superé la primera prueba y estoy en Jeklas, mundo donde vivimos para trabajar y elaborar los bienes reales.
-Pues toma-Dijo dándole el cuchillo del buhonero.
-Gracias señor, dejadme ser vuestro siervo en compensación.
-No, nada de eso. Vete antes de que me arrepienta de haberte regalado eso.
-Lo siento señor.-Dijo mientras se alejaba arrodillado y besaba el cuchillo provocándose heridas en la boca.
-¿Qué dios es tan cruel de tener a sus súbditos en ese estado de esclavitud?-Pensó Tereyán.
Siguió avanzando y llegó a la muralla del castillo, donde un gran portón de madera de unos ocho metros de alto impedía entrar a Tereyán en la fortaleza.
Jeka, hija de Kerklas, diosa de la inteligencia
Heskerl, hermano de Sarkina, dios del arte.
Intenta no entrar en temas mitológicos, porque son tan rebuscados que no acertarías nada.
Que tengas suerte”
Tereyán decidió entonces empezar la marcha hacia el castillo.
Mientras se adentraba en el hermoso bosque, iba recordando los nombres de los dioses, no muy fáciles. Pasó por senderos estrechos y angostos y más tarde por otros más espaciosos y anchos. Más tarde llegó a una calzada, en perfectas condiciones.
Tras andar un buen rato, descubrió aun joven morador que recolectaba peras de un arbusto.
Este , al verle, se echó al suelo empezó a susurrar.
-Te ofrezco mi alma o morador puro que ha superado la última prueba de Kerlas. Por favor, sé misericordioso con migo y llévate solo mi comida.
-Levántate, no voy a atacarte.
El joven no respondió.
-Soy inofensivo, no voy matando por ahí a placer.
-Todos los que han superado la última prueba de Kerlas son crueles, no es una prueba que puede superar cualquiera.
-Yo he realizado esa prueba pero tengo tanta sangre fría que pude pasarla sin ser cruel-Dijo Tereyán, metiéndose en camisa de once varas.
-O señor, perdone mi ignorancia, yo solo soy un recolector del mundo inferior que a sido agraciado con el privilegio de poder ver la parte alta de Kerlas al recoger fruta para los dioses, han sido generosos.
Tereyán pensó que clase de dioses dictatoriales habían creado tal nivel de servidumbre.
-¿Por qué arrancas las peras con las manos?
-No tengo derecho a un cuchillo, no superé la primera prueba y estoy en Jeklas, mundo donde vivimos para trabajar y elaborar los bienes reales.
-Pues toma-Dijo dándole el cuchillo del buhonero.
-Gracias señor, dejadme ser vuestro siervo en compensación.
-No, nada de eso. Vete antes de que me arrepienta de haberte regalado eso.
-Lo siento señor.-Dijo mientras se alejaba arrodillado y besaba el cuchillo provocándose heridas en la boca.
-¿Qué dios es tan cruel de tener a sus súbditos en ese estado de esclavitud?-Pensó Tereyán.
Siguió avanzando y llegó a la muralla del castillo, donde un gran portón de madera de unos ocho metros de alto impedía entrar a Tereyán en la fortaleza.
Henry Hart
Leida esta entrada estais más o menos en el final de la cuarta parte de lo que vá a durar mi relato.
ResponderSuprimirPor cierto, he hecho un nuevo blog de relatos, si alguno quiere pasarse o comentar será bien recibido. Dudo que a alguien le interese escribir nada, pero yo lo propongo por si acaso.
mmm dioses... precisamente acabo de leer una trilogía donde hay 6 dioses... aver si se parece en algo.
ResponderSuprimirNo voy a visitar tu blog. No quiero dedicar más tiempo a los blogs
YAW!
Exelente, espero poder seguirlo hasta el fianl, el sutyo o el mio, eso nunca se sabe.
ResponderSuprimirsaludos.